Quién soy? Por qué soy? Soy?

No more roses, no more bloddy kizzez, no more...

Prostituta

Una entrada que ni yo misma comprendo, así que no espero buenos comentarios de ella...

Prostituta

 

No fue por centavos, ni monedas doradas. No fue por puestos de aristocracia, ni por una copa de licor; ni por pedazos de pan duro...

 

Una no sabe después de los años, cuánto tiempo pasa con cada uno de ellos, de dónde vienen o a dónde van; sin embargo con cada uno de ellos las cosas resultan exactamente iguales y, a la vez, distintas...

 

Ellos vinieron a mí y, no hubo vez que las cosas hayan pasado de forma diferente:

 

Me miraron con deseo y lujuria, tanto las telas más finas como las más gruesas no fueron lo suficientemente fuertes para alejar sus miradas impías y descomunales. Ellos miraron mi cuerpo más como un objeto en el cual penetrar que como la mujer que de verdad soy.  Las yemas de sus dedos tocaron mi rostro con ternura, sus labios se posaron sobre mi cuello y a mis oídos les susurraron propuestas indecentes con las palabras más elocuentes que jamás pude haber imaginado...

 

Y aun sintiendo aversión tanto por ellos y por mí, cierro los ojos y me visualizo en los brazos del único que alguna vez me besó con amor.

 

Y así me he dejado llevar... Cada uno de ellos se despojaba de sus ropas rápidamente, mientras yo quedaba escondida tras los vestidos de seda fina, porque con delicadeza y elegancia me retirarían cada prenda; mi perfume se quedaba impregnado en las telas de todos colores. Disfrutaban de pasar sus manos por mi cabello con olor a jazmín para después lamer mi piel nacarada con sabor a sal. Acariciaban los senos como dos pepitas de oro, los besaban y, algunos incluso los mordían. Otros, tomaban mis manos y las llevaban a donde sus miembros se llenaban de sangre caliente, y sólo algunos rogaban porque los besase.

 

Recuerdo cada gemido que todos han desprendido, la forma en que sus suspiros se mezclaron con el aire; recuerdo lo que han pedido que haga y diga, recuerdo sus ojos llenos de éxtasis, sus labios hinchados de tanto veneno en ellos; aun en la oscuridad es posible distinguir la satisfacción que les llena el cuerpo... Todos reaccionan igual.

 

Ninguno me amó y, sin embargo me sentía templar en sus brazos, sentía el corazón vibrar y la mente sobresaltarse entre la inmensidad de sus palabras sublimes y retóricas. Uno que otro soltó una palabra de dulzura y cariño, pero creerle a uno, hubiese significado creerle a todos; mas yo sí los he amado a todos. Porque con el paso del tiempo he aprendido a disfrutar de los roces de sus manos, de los besos no deseados y, a creer sus palabras falsas...

 

Pero aquí lo único que importa es que ellos tengan una erección, que sacien sus instintos carnales; y no que yo tenga un orgasmo... Ellos toman de mi cuerpo lo que creen que desean, lo que ellos piensan es lo mejor de mí; ellos no ven más allá de la escultura que el tiempo terminará de esculpir, ellos se toman el derecho de ser los artistas y querer moldear hasta mis caderas a su gusto, sin preguntarse si sus manos logran una sensación erógena en mí.

 

Todos terminaron echados en suaves colchones a mi lado, todos dejan una mano entre mis muslos, todos recargan sus cabezas entre mis pechos, todos se duermen allí... Y mientras ellos se encuentran en sus ensueños, totalmente satisfechos físicamente, yo me desangro internamente.

 

Vislumbrar cuándo fue que esto comenzó sería redundante, porque bien lo sé:

 

Él me besó, yo le besé. No pudimos detenernos, de pronto el mundo parecía moverse más lento comparado con la rapidez con la que nos ocultamos de él. Llegamos a un momento eterno, donde el beso pareció interminable y, por un momento, pensé estar fundida con sus labios.  Él me tomó en sus brazos y me arrulló con su voz. Me mordió tan tierno como se muerde al aire. El viento se llenó de fuego, me sentí arder en sus manos. ¡Sentía una quemazón constante cuando apenas rozaba con sus labios mi cuello!

 

Cada movimiento que hacía me llenaba de placer, exploraba por los lugares más inhóspitos, besaba los más recónditos y experimentaba en los más extraños. Me abrazaba y me abrasaba. Los cuerpos sudaban y la chimenea se avivaba. Y las horas del reloj ni se detenían, ni avanzaban; ni morían, ni vivían. Él seguía allí, me atraía a su cuerpo y me alejaba para poder llegar al clímax. Esperamos, esperamos hasta que los gemidos fueron progresivos e inseparables... Ambos, suspiramos de gozo.

 

Desnudo él, desnuda yo, desnudos ambos. Los versos más dulces me recitó él, también los más profanos. Yo me perdía en el eco de su voz, en el silencio que no manteníamos. Posó su mano sobre mi cadera y recorrió una vez más mis piernas y mi abdomen, volvió a excitarme hasta el apogeo de ambos. Esa vez, fui yo la que cayó dormida entre sus músculos apenas definidos.

 

Y a la mañana siguiente, al abrir los ojos, distinguí su figura de todas las otras de la habitación en penumbra. Ya había desaparecido su mirada amorosa, empero todavía se reconocía en ella el deseo que me profesaba. Me sonrió sádica y sarcásticamente. Su mirada penetró en la mía, se acercó y, paradójicamente, cubrí mi cuerpo para no sentirme impúdica. Rió y rió más. Besó mi frente y escupió algo que jamás hubiera deseado oír:

 

-Te amo. Toma.

 

Sus puños me lanzaron un par de billetes arrugados y llenos de un líquido extraño. Parpadeé, y al intentar espetarle algo en la cara, me detuvo un dolor en el pecho. Corrí al baño, donde lavé mi cuerpo intentando borrar de él cada caricia y beso. Mas ni el jabón, ni los minerales del agua, ni los perfumes más finos cubrirían el asco que comenzaba a sentir más por mí que por él. Recogí mi cabello. Al salir de la sala de baño, escuché cómo cerraba la puerta a lo lejos. Tomé mi abrigo, en la cómoda me topé con un papel amarillento con olor a su aliento:

 

"La pasé bien. Te quiero. Adiós." Decía.

 

Sentí como si una daga pequeña pero filosa estuviera enclavándose en mi pecho; como si los gusanos devoraran mis alas grises de paloma... Pero extrañamente las lágrimas nunca se hicieron presentes. Rocé mis brazos poco a poco, extrañando sus manos y detestándolas al mismo tiempo.

 

-Prostituta.- me sentencié.

 

Suspire varias veces hasta creer que había expulsado todo el aire, quise morir. Pero no morí.

 

Tan sólo me digné a cerrar la puerta y continuar con mi camino. Los recuerdos de la noche anterior comenzaron a atormentar mi mente. Yo lo amaba, lo amaba hasta el punto de haberle entregado mi ser...

Afuera, llovía; así que nadie pudo notar las lágrimas que derramaba.

 

Y así paso las noches mientras todos ellos duermen en mis senos. Lloro en silencio, grito con calma y sollozo aterrada. Los miro una y otra vez buscando rasgos que me recuerden sus ojos, sus labios; siempre los encuentro. Sonrío y suspiro tranquila para que ellos no lo noten...

 

Cuando por fin despiertan, irguen su espalda, bostezan y contemplan mi rostro desvelado. Se visten con las ropas de la noche anterior, se perfuman, se peinan; ocultan las bestias sangrientas que son tras sus trajes ingleses. Caminan hasta la puerta, giran la perilla y me dedican una sonrisa divertida. Algunos se han despedido, otros simplemente agradecen la noche asintiendo.

 

Los admiro mientras parten y concentro mis sentidos en escuchar sus pasos al alejarse.

 

Cepillo entonces mi cabello y comienzo la misma rutina de siempre. De todos sé sus nombres, sus gustos, por donde les fascina tocar, donde les agrada posar los labios y donde les encanta penetrar con la lengua. En todos ellos lo busco, en todos ellos lo hallo, y en todos ellos lo aborrezco; empero a todos ellos satisfago.

 

Jamás fue por centavos, jamás fue por monedas doradas. Jamás fue por puestos de aristocracia, jamás fue por una copa de licor, jamás fue por un pedazo de pan mohoso... Siempre fue por una miga de su amor. 

 

Morgan de Vampouille.

 

 

Pocas comprenderían este sentimiento, ese constante aquejo que aprieta el alma y envenena el corazón. Muchas menos saben del saber interminable del amor inalcanzable: Una prostituta más en las calles.

Morgan de Vampouille

Azote Divino

 

Años hace que la Suicida nos entregó 7 cartas, allí, descargaba sus traumas y desgarraba su alma para tratar de salvar su vida; sin embargo hoy regresa e intenta ofrecernos algo distinto...

 

Han pasado muchos días desde que cerró su vida con un último sorbo del elixir de la promiscuidad, soledad y cansancio; y esa última copa tendrá que durar para toda la eternidad en el purgatorio... El mundo la ha llevado por caminos que jamás creyó pisar, se topó con flores que jamás soñó; escribe distinto hoy, les dejo con ella:

 

Amigos, hace tanto que no los saludaba, pasó mucho desde aquellas cartas que de nada nos sirvieron. No les mentiré, cada carta que les escribí hace años me causada dolor... Sin embargo hace unos días regresaron a mis manos esas hojas arrugadas, volví a ver cada una las imágenes que me llevaron a escribirlas, pero no sentí nada. Pareciese que el tiempo me ha vuelto más insensible y frígida de lo que era antes, sin embargo en un giro inesperado les entrego este último texto:

 

Azote Divino

 

Querido Azote Divino:

Te adoro, me encantas. Sólo contigo se cruzan mares y las ciudades se vienen abajo, sólo contigo late de verdad el corazón, sólo contigo.

¿Cuánto hace que te conocí? o ¿de verdad te conocí?

Esta noche me siento a contemplar las estrellas que hace años se desplomaban en mi mirada, me inclino a besar el suelo por el que corrió mi sangre tiempo atrás.

Y el chocar de las olas con la costa me perdía cada noche, el aire frío cuando resoplaba su voz sobre mis oídos, el sabor de la salada mar en mi piel...

Azotada, con la espalda tapizada en grietas añejadas, y los ojos inundados en seco; todos soñamos con el azote sutíl y carismático, tierno y suave...

Azote con plumas de ganso, azote con sábanas de seda, azote con olor a fresca mañana, azote con sabor a cereza... Dulce y suave azote.

Empero no eres suave, ni sutil; sádico cuervo, siervo del sufrimiento... ¿Te recuerdo lo que pasó?

... entonces miré a la ventana y el dolor invadió mi cuerpo. Pude evitar que las lágrimas salieran de mis ojos, mas sentía que dentro de mí, miles de sollozos eran prisioneros de un silencio fulminante.

Abracé mis piernas, y lo salado de las lágrimas comenzó a inmovilizar mi faz... Recordaba su primer beso, su último beso... Recordaba su mirada tierna y llena de cariño, y cuando finalmente ésta se volvió fría e indiferente.

Me pareció que había pasado un siglo desde que su voz romántica había llegado a mis oídos.

Yo lo amaba, y entre más lo adoraba más me olvidaba dónde había quedado mi cordura. Entre el frío de la mañana que nace, me hundí en las posibilidades de la muerte que me rodeaba, observé como las estrellas se perdían en el horizonte tan distante...

Y todo mi entorno lleno de viejas rosas secas, rosas eternas. Pero ellas nunca fueron mías, fueron de sus vanidades, de sus deseos carnales, de sus orgullos... Rosas y más rosas que se acumulan con la historia, rosas y rosas que se secan para dejar el rastro del aroma que jamás existió, rosas que fingen no tener espinas...

Que ya no pude escribir, que cada vez que respiraba se sentía el golpe incesante del día anterior, que hubiese querido que el aire se llenase de veneno, que el agua se tornara turbia para no poder ver mi rostro deformado por las heridas que le había  causado.

Lo perdí todo, mi lucidez, mi templanza y la sensación de sentimiento. Privé a mis labios del líquido vital, corte mis uñas hasta la cutícula para no poder herirme más, vestí mi cuerpo con harapos, finalmente, cerré los ojos: esperaría a la muerte en soledad, como es debido.

Después de unos días de hambre y sed, la muerte no llegó. Igual que ellos, se rehusó a mostrarme compasión. Comprendí entonces que hasta la muerte ama, que morir por desamor es tal cual morir por amor.

Y en el balcón donde se posan las palomas por los días y los cuervos por la noche me senté a mirar como pasa la vida...

Azote mío, lo recuerdas bien, lo sé. Puedo ver aún la sonrisa que esbozaste cuando quise cortar mis venas y no fui lo suficientemente valiente, puedo reconocer todavía el eco de tus palabras irónicas...

No fueron ellos quienes me abandonaron, fuiste tú. ¿Por qué lo hiciste? ¿No era yo digna de tu presencia?

Quizá, eres sólo para aquellos con almas volubles, sensibles al calor de la vida; y no para quienes nos asqueamos con el rocío de la mañana y nos encanta el vals de la noche. Tal vez,  cada vez que el odio y el dolor me inspiraban te merecía menos, azote divino. Puede ser que cada que pedía a gritos la muerte y me ahogaba en alcohol, perdía la oportunidad de recuperarte.

A tantos nos castigas con tu abandono, a tantos les das sólo venturas que vivir. Ellos no conocen el calor de la lujuria en lugar de el del cariño, ellos jamás han charlado con su corazón moribundo, ellos nunca verán el masoquismo como una sensación de la vida misma.

Y es que el olor a fresca mañana se termina cuando entra por mi ventana.  Porque aquí sólo existe el olor al corazón alcanzado por la muerte días atrás, al sudor que desprendo al tener pesadillas, a la infinidad de sal que he derramado en lágrimas; aquí huele al hielo quemado, al perfume antiguo de las rosas, a las larvas naciendo en los ojos que me arranqué para no llorar más, a la piel de la que me desprendí para olvidar todas sus caricias siendo carcomida por ratas: aquí reina el hedor de cuando el amor se pudre.

Y aun sabiendo que ellos jamás volverán, que sus labios siguen siendo prohibidos e impíos; todavía vuelvo mi mirar cuando la puerta se abre, tan sólo para descubrir que el viento me juega bromas. Y al dormir en la vieja cama, creo que sus espectros me abrazan, creo que sus labios me besan y sus ojos mi miran; como antes.  Ni ellos, ni tú volverán.

No sé por qué escribo estas líneas, si nadie las leerá. Si es que pudiesen llegar un día a tus manos, no te molestarías en abrirla siquiera. Porque ¿qué puede querer una suicida? ¿Morir en paz, un amante para llorarle en su funeral?

Ingenua que fui al creer que alguna vez podrías halagarme y darme una oportunidad. Llené mi mente con sueños infames que siempre supe, nunca se harían realidad. Insolente contigo, azote querido, me vi; te desafié a que me mostrases otra parte del mundo: y lo hiciste. Trajiste tantas rosas como te fue posible, las condenaste a quedar sumergidas entre la vida y la muerte, las condenaste a pasar la eternidad con una loca que sólo llora y pide clemencia a la muerte; y a esa loca, le diste vida con las rosas. Ahora, le despojas de cada pétalo, hasta de cada espina.

Eres el verdugo más común y el menos conocido, eres fuerte cadena, de oro, pero al fin cadena. 

Lo cierto es que, ser una suicida jamás bastó para escapar de ti, porque estás en el viento, en el fuego, en el agua... Y al renunciar a ti, me ato más a ti,  a cada palabra que resuena en mi mente, me lleno más de sentimientos que no han existido, no existen y no existirán.

Azote mío, fuerza que destruye ciudades, que cruza mares y crea fantasmas; todos te necesitan, todos te idolatran, todos te sueñan sin saber qué diablos eres: eres verdugo que azota con tallos de rosa.

No vuelvas más, porque el corazón ya dejo de latir, porque la mente ha olvidado quien eres y los brazos que te recibían ya no lo harán. Azote querido, me asesinaste. Algunos que mueren bajo tu manto son recordados como héroes y valientes, mas yo seré olvidada, con suerte llegaré a ser enterrada y quizá el mismo sepulturero se pregunte ¿Quién es ella?, pero esas ilusiones las he abandonado con el tiempo, porque lo único que me espera es la fosa común.

Cada noche volveré a este lugar, a esta cuna de vida donde nació mi muerte. Cada noche encontraré aquí a alguien distinto, guiado solamente por la necesidad de fornicar, cada noche buscaré en su rostro los ojos de mis viejos amantes,  y en ellos el amor que me dejaron de profesar. Sin encontrar nada.

Entonces el cortar mis venas, el rasgar mi cara y perforar mis ojos habrá valido la pena; estando muerta por fin sabré cuándo morí.

No intentes devolverme la vida, no intentes  darme de beber sangre ni vino, no intentes negar que eres la fuerza más grande y más terrible.

Me castigo a ti, me confino a sufrir en el infierno a tu lado, sé que de allí vienes. Cuando por fin te dignes a regresar, en mi tendrás una gran compañera quien ya habrá comprendido que la única rosa sin espinas es aquella que no ha nacido.

Siempre tuya

La Suicida, Dyane Aibhill.

 

 

 

Adios, amigos míos. Quizá jamás regrese o regrese pronto, no lo sé. Si conocieron las viejas cartas habrán notado ciertos cambios. Gracias por leer. Hasta siempre.

 

Así concluye esta entrada, sigan leyendo que nunca sabemos cuando el final llegará.

Morgan de Vampouille.

 

Don't speak... so please stop explaining... I don't need your reasons, don't tell me 'cause it hurts.

 

 

Homero, el poeta ciego de la antigua Grecia, llamaba Azote Divino, a la fuerza que provocaba guerras y destruía ciudades: el amor

 

No más rosas

Amigos míos, esta entrada tiene gran significado, por favor, los comentarios que en ella dejen que no llenen el camino de espinas...

 

La inspiración llega de pronto... y jamás esperé que me fueses a inspirar de esta forma:

 

No más rosas

Caminaba cautelosamente por todo el jardín, no parecía importarme que mis pies estuviesen descalzos. Detestaba sonreír cuando lo único que necesitaba era un abrazo, detestaba decir "bien" cuando quería morir; lo odiaba de sobremanera, mas así eran las cosas. Y a cada segundo la noche se tornaba más incierta, más llena de vacío. Tragaba los gritos con cada paso, amigos ¿alguna vez han sentido cómo sus ojos se llenan de bruma?

 

Entonces miré mis manos, llenas de heridas, amigas de la muerte, del silencio y del llanto. Pude ver a través de ellas la sangre displicente que corre por mis venas, tuve la ligera sensación de querer beberla, quise arrancarlas de mí... y seguí caminando.

 

El camino pedregoso comenzó a causarme dolor, sonreí; por fin comprendía que estaba viva. Observé el rastro de vida que había detrás de mí... Volví a sonreír, sin embargo no supe si fue sarcásticamente.

 

Solté mi cabello, cada uno de ellos me rozó la cara de una forma dulce, me acariciaron suave como lo hubiese hecho el aire. Respiré profundamente, sentí como mis pulmones se hinchaban y, me desplomé.

 

No supe qué más hacer, más que llorar. Miré al cielo, a los hermosos árboles, a las estrellas, hasta que de pronto, encontré una flor: una rosa, era blanca. La vi brillar entre la oscuridad, la vi florecer entre los salvajes helechos y los hongos; la amé.

 

¡Bella rosa de belleza sin par! Blanca cual nieve primaveral, fina cual diamante en bruto, limpia como agua del mar, alegre tal cual flor de luto...  La miré tanto y por tanto tiempo que mis ojos cansados ya de llorar, se cerraron; quizá para encerrar más lágrimas, quizá para crear nuevas...

 

Ay, que vi aquella rosa blanca tan delicada que tocarla no quise, que importunar su paz no desee, que robarle su pureza me pareció pecado. Me enamoré de ella, tal vez más de lo que creí; empero más por ser la única rosa del jardín que por el hecho de ser rosa.

 

Así que la tomé entre mis fríos dedos, la estreché y la idolatré... ¡Gracias, rosa mía! Tu gracias es más por existir que por ser mía; rosa blanca ¿roja? No, eres casta, eres apenas un capullo... Amor que nace, amor que crece... y después muere.

 

Besé aquellos pétalos vírgenes, con miedo, con recato; no quería perturbar tanta perfección. Acaricié cada hoja, el tallo; el frío de pronto se sintió cálido...

 

¿Cuántas veces las rosas tienen tal efecto? Volví en el tiempo, viéndome amar rosas que ocultaban espinas, viéndome curar heridas que sólo cerraban parcialmente, viéndome apuñalar el corazón ya muerto, viéndome cortar mis manos para castigarlas por la osadía de tomar flores... 

 

Fue entonces cuando la rosa cambió de aspecto: el pequeño capullo se deshojaba entre las palmas de mis dedos, los pétalos blancos sangraban y se tornaban en negro; el tallo liso, se llenó de espinas... Sonreí con una sola lágrima en la faz, ¡más heridas que necrosar!

 

Abrí la palma de mi mano y toda la belleza natural cayó, se fue a un abismo que nunca supe dónde estaba...

 

Tomé un hilo de púas y comencé a hilvanar las llagas de mis manos, pacientemente, cuidando que doliera porque: ¡estúpido corazón!, no has aprendido que el amor no existe, que nombramos algo que es una Idea, que nadie necrosa las heridas que causa, que las promesas de amor son vanas...

 

Lo cierto es que, las manos sangraron más al pasar del hilo que por las heridas de las espinas; al terminar de torturarme, ¡maldita masoquista!, pasé mis labios por ellas, "que sufran también", no pude evitar pensar...

 

Desvié la vista a la que una vez fue blanca rosa, quise bailar sobre su cadáver, quise escupirle, quise quemarla y echar sus cenizas al mar... Tan sólo me puse de pie y caminé, todavía más.

 

El viento gélido volvió, me susurraba una canción fúnebre al oído, me recordaba rosas blancas y negras... Caminé, y caminé más; la sal de las lágrimas que caían al piso me sacudía de dolor al tocar las heridas de mis pies; ya nada importaba, nada en lo absoluto...

 

Sangre, rosas; sangre, rosas; sangre, rosas...

 

El corazón se paró por un instante, dio un respiro de tanto dolor; vomitó toda la desgracia que en él se ahogaba y sacudió la noche con un grito desesperado: una nueva grieta se abrió...

 

Pero sólo continué caminando, vi el comienzo del amanecer y me sentí aliviada de que el Sol secara mis lágrimas y me lamenté tener que esbozar una sonrisa durante un nuevo día...

 

Todavía en el camino pedregoso la fragancia de la mañana me embriagó, y la mano del ruiseñor tomó mi rostro y lo abrazó. Rodaba una lágrima en mi mejilla: mirar atrás me causaba tristeza y, al frente, pánico; así que cerré los ojos.

 

Cuando el primer rayo de Sol me irradió los ojos, lo primero que pude percibir fue un capullo de rosa rojo de donde brotaba nueva vida, de él el rocío también se enamoró... Era tan hermoso que me costó creer que fuese real...

 

Algo oprimió mis palmas, miré mis manos...

 

"No más rosas", musité para mí misma. Caminé y caminé...

 

 

D. Luna

(No más Morgan por hoy)

Love was when I loved you, one true time...

L'amour n'a jamais existé, n'existe pas et n'exitira plus... Beaucoup de promesses par quelque chose que personne n'a connu

 

M. de Vampouille

La Noche

La Noche

 

Concentré toda mi atención en las páginas del amarillento libro, era tan débil que tenía la impresión de que en cualquier  momento podría arrancar una página sin quererlo. Deslizaba mis ojos por la hermosa caligrafía del libro, podía ser del siglo XIV ó XV, era una caligrafía que me traía tantos recuerdos. Suspiré cuando volvió a mi mente el pensamiento de una eterna soledad que llenaría mi existencia hasta el último día de la Tierra. Hacía una o dos horas desde que el Sol se había ocultado tras las montañas, pero aún así el frío todavía no dominaba la noche, el aire era cálido; empero en un segundo todo cambió: Un aire frío me llegó hasta los tobillos, la luz del candelero a mi lado se debilitó apenas para notarlo, y las páginas del libro pasaron sin que yo lo provocara; así fue como supe que él había regresado.

 

Cerré el libro sin siquiera fijarme en qué amarillenta página había dejado mi lectura. Miré mi mano en busca del anillo de oro viejo, sin embargo la búsqueda se redujo a mi mente porque físicamente no encontré nada. Podía escuchar cada paso que él daba, como siempre sus pasos eran lentos, determinados, pausados, rítmicos. De pronto un silencio volvió a llenar el ambiente, en ese instante quité las sábanas de mi cuerpo y recogí mis piernas para pegarlas a mi pecho. ¡Cuánto deseaba ser humana para volver a dormir! Dejé el enorme libro de pasta roja sobre el buro mi lado y enfoqué mi vista en la puerta al otro lado de la habitación. La puerta rechinó por un segundo y cerré los ojos al instante como si fuera a dormir, al siguiente instante los abrí para ver que él estaba frente a mí, como años antes.

 

Aún entre las sombras pude ver su resplandeciente sonrisa, una mirada de complicidad y quizá algo de ironía reflejada en sus labios. No quería sucumbir ante la belleza de su rostro y su lacio cabello castaño sobre su frente. Posó sus ojos sobre mi delicada pijama color negro: yo sabía lo que él quería al mismo tiempo que él sabía lo que yo quería.

 

-No pensé que te encontraría aquí.- No puedo escribir el gusto que me dio escuchar su voz profunda de nueva cuenta, deseaba escuchar más, así que mantuve mi voz oculta. Observe cómo sus ojos escudriñaban entre mi piel y sonreí apenada. -Esa pijama es más de lo que puedo soportar.- Me dedicó una sonrisa pícara, casi tierna e infantil pero de la misma forma, seductora.

 

-¿Qué haces aquí?- inquirí presumiendo mi indiferencia hacia él.

 

Me miró directamente a los ojos, su respuesta carecía de palabras. Puso su mano izquierda sobre mi cabello y pasó sus dedos entre él, continué mirándolo sabiendo qué estaba haciendo pero desconcertada por la razón que lo impulsaba. En un rápido impulso me levanté para obligarlo a retroceder sus acciones. Alejó su mano de mí; algo avergonzado pero divertido por mi simulada aversión.

 

-Bien sabes lo que hago aquí, lo que no sé, es qué haces tú aquí, suponía que ya te habías ido.- Volví mi mirada al lado contrario en que él se encontraba. No pude observar su reacción pero lo conocía bien para saber que había ahogado un suspiro de diversión. -Oí que estabas apunto de casarte.

 

Regresé mi cuerpo en su dirección y me senté en la cama tan baja que mi cabeza apenas llegaba a la cintura de él.

 

-Sí. - admití con pesadumbre, más pesadumbre de la en realidad sentía.

 

-¿Por qué?- En el fondo jamás había creído el rumor, y el hecho de que yo se lo confirmase lo lastimaba. Se sentó a mi lado y tomó mi mano pequeña entre la grande de él, justo como antes. Intenté no mirar la perfección de sus facciones ni la súplica que se asomaba en sus ojos.

 

-Es lo mejor...- musité casi para mí misma. De pronto la flama en el candelero se debilitó y llamó la atención de ambos. Me puse de pie alejando mi mano de la prisión en la que la suya la tenía. Caminé unos cuantos pasos mientras sentía su mirada en mi cuerpo, yo más que nadie era consciente del enorme esfuerzo que hacía al intentar que sus instintos no lo dominaran. Me volví para verlo a los ojos y encontré en ellos una esperanza, retiré mi mirada para hacer más fáciles mis siguientes palabras.- Ambos sabemos que jamás estuvimos destinados a...

 

-¿A amarnos?- Se puso en pie para  hacerme enfrentarlo. -Tú eres testigo de cuánto hemos dejado el uno por el otro. ¿Cómo puedes decirme que jamás debimos estar juntos?

 

Algo en su voz ya no me parecía familiar, estaba llena de tristeza, ofensa, amenaza, esperanza, melancolía; jamás lo había visto de esa manera. Un silencio nos invadió, había tanto que teníamos que decirnos pero nuestras bocas sólo se concentraban en reprimir el deseo. Cuando sus ojos color miel se cruzaron con los míos supe que lo que sentía por él me perseguiría por siempre, supe que jamás sentiría algo tan fugaz por alguna otra persona.

 

-No todos aquellos que se aman están destinados a estar juntos.- Fue una sentencia fuerte, incluso para personas que cuentan con caracteres similares a nosotros.

 

-Si podemos...-  se acerco a mí pasionalmente, vi sus ojos arder y aunque sus manos eran naturalmente frías cuando tomó mi cuello un extraño calor se apoderó tanto de él como de mí. Ante su actitud intenté zafarme de él y evitar por completo estar cerca de él. Inclinó su mentón para poder poner su vista en la mía, retiró un mechón de cabello de mis ojos y...

 

-Suéltame, por favor. - le rogué cual una niña pequeña que miente sólo para que él la vuelva a tomar entre sus brazos. -Suéltame, suéltame...

 

-Lo haría si fuese lo que en verdad quieres.- Quitó sus manos de mi cuello, rodeó mis hombros y me atrajo hacía él, muy a pesar de mis réplicas me llevó hasta su pecho, un pecho fuerte y fornido que tantas veces me había hecho sentir segura; me acorralo en el calor frío de su cuerpo, imposibilitando mis movimientos. Me abrazó tan fuerte que la protección me hizo sentir humana de nuevo, cerré los ojos pérdida en el encanto de los recuerdos. -Si pudiese regresar al instante en que te dejé ir, cambiaría todo... -Besó mi frente, si hubiésemos sido humanos ambos habríamos llorado.

 

-No podemos cambiar lo que pasó, ni lo que somos, lo que estamos destinados a ser y el lugar donde el mundo tiene un plan para nosotros...- Todavía en sus brazos suspiré... -No se trata de lo que queramos, sino de lo que es lo mejor...

 

Abrió sus brazos arriesgándose a que saliera corriendo, sólo me alejé unos centímetros y me dirigí a la cama que jamás me volvería a ver dormir. Podía vestir una pijama pero en el fondo al cerrar los ojos los sueños jamás llegarían. Me recosté y soplé al candelero, la flama se extinguió en sólo un segundo. Volteé mi vista y lo vi sonreír como jamás lo había visto hacerlo: sus ojos brillaban con más intensidad, sus labios parecían dos líneas de fuego que crecían con la oscuridad...

 

Cuando menos lo esperaba lo encontré recostado a mi lado, cubrió mi cuerpo con las delicadas sábanas blancas y recargó su barbilla sobre mi cabello, colocó una de sus manos sobre mi cadera y cruzó la izquierda para alcanzar mi mejilla. Besó tantas veces mis cabello que pensé que sus labios se desgastarían...  Cerré los ojos, tal como cuando años antes él me había protegido de los peligros de la noche mientras yo caía en mis ensueños. Mas ahora no era de esa forma, tan sólo pretendíamos que nada había cambiado. Sin embargo esta noche, cuando él fuera a buscar sangre que beber yo lo notaría, y al mismo instante tendría que salir yo también. A la mañana siguiente, cuando llegara con sangre en los labios no podría besarlo, ni decirle que la eternidad no sería suficiente para separarnos (eso ya había pasado), tampoco podría sentir el frío de su cuerpo comparado con el calor del mío... Quizá el amor no puede unir por la eternidad, ni siquiera a dos vampiros...

 

Iasomie Otravitoare

¿Amor? ¿Amarlo, a él?

Los hombres más capaces de pensar sobre el amor son los que menos lo han vivido; y los que lo han vivido suelen ser incapaces de meditar sobre él.
José Ortega y Gasset

 

Los ángeles lo llaman dicha celeste, los demonios tormento infernal, los hombres lo llaman amor .
Heine

 

El amor es como el vino, y como el vino también , a unos los reconforta y a otros los destroza.

 

¿Amor? ¿amarlo, a él?

 

 No puedo recordar la última vez que lo vi, años desde que su voz deleitó los sentidos míos, empero recordarlo puedo... ¿amarlo, a él? No, adorarlo hasta el dolor,  quererle hasta la muerte... Él, el que me arrebató la vida después de otorgármela; él, el me dejó la cicatriz de una sonrisa infinita...

 

Allí, donde en sus ojos nos miraba la Luna. Allí donde en su voz resonaba el silencio y donde sus brazos de viento rodeaban mi piel... Él, río donde se lavan los pecados, árbol tanto de frutos sagrados como de frutos prohibidos; él, el Amazonas de Sudán, corazón del desierto...

 

¿Cómo poder olvidarlo? Vivir a su sombra y a su luz; con el espectro de la retórica de sus manos y el sentir de sus palabras. Vive eternamente, finitamente comprensible; él, de letras y viento, de mentiras y verdades...

 

¿Que si lo amo? No, lo quiero hasta la muerte, lo adoro hasta el dolor. Ni le conozco y le deseo; dónde se encuentra, no sé y aún le ruego que venga... ¿Quien te conoce, oh, Dios de dioses? ¿Quién eres, oh, creador de poetas?  ¿Sois vos quien me habla, oh, genialidad abstracta? Haced que el mundo sea, oh, ser que duerme la noche y calma el día...  

 

Vos me hacéis vibrar, vos me devolvéis la vida, vos me besáis el alma... sois vos el único con quien no hay oscuridad alguna y el firmamento es claro. Vos sois el fuego del mundo, sois los ojos de la razón y la palabra de la pasión... Pasión sin vos no siento...

 

¿Quien sois, oh, rey de las Ideas? ¿Encontraréte, un día, oh, naturaleza creadora? 

 

Te conocí, partiste con el término de la noche, con el cantar del ruiseñor y el llanto de la rosa... ¿Y mi llanto, oh, mi llanto? Y los colores de tu mirada, colores donde me perdí y reconocí al instante. Estos ojos que te ruegan tu regreso, estos labios que miran sin cesar el horizonte...

 

Oh, cielo que el corazón se colapsa, clama  el saber de vuestra existencia, sueña el calor de vuestra elocuencia... Vos sois suave nieve volcánica, sois el viento suave de la mañana de verano, sois la flor del jardín de espinas...

 

Jamás os conocí, creí haberlo hecho, oh sueño diáfano, oh bendición infernal, ¡oh, cuan infinito eres querido mío! No existes, calor del Sol. Ni vivo ni muerto estáis, castigo de humanos. El corazón latir quiso, y latió... como siempre lo hace, mas la bruma brillante de vuestra retórica, ¡vuestra retórica atrapóme!

 

¿Lo amamos, a él? No, lo adoramos hasta el dolor, lo queremos hasta muerte. Su nombre es amor y nadie sabe qué es. ¿Cómo es que naces, oh poesía verdadera? ¿Sois real, oh rosa encantada y eterna? Oh, vida que no os conozco; oh muerte, que moriré sin conoceros.

 

Y braman el mar y las montañas, y lloran la noche y el día... Y vos jamás se confesará con los miserables humanos que os deseamos conocer. Mortales que utilizamos el verbo reducido para describir vuestra grandeza, una grandeza jamás revelada...

 

¡Sí, vos! Ser creador y destructor, ser diurno y nocturno... Revienta el corazón a cada segundo, se quedan estáticas las últimas sílabas de las palabras ¿Qué sería el hombre sin vos? ¡Vil roca de cenizas! Pero... oh, cuan atrapados en vos nos hallamos, sin conoceros os idolatramos, sin saber quien sois os entregamos la vida... ¿y qué es vida?

 

Hemos desplumado ocas para vuestra expresión, árboles mueren por vos y la sangre hierve... Calor traicionero e inexistente, sentimientos mudables y frágiles... todos sobre nosotros, todo por vos...  

 

¡Regresad a mí, oh cielo entristecido y enfurecido! Puedo juraros no volver a sentir, puedo robar las rosas blancas de los campos de orquídeas y aun así seguir esperando por vos en el atardecer eterno del otoño... Oh, bendito vino de sangre, infernal vino de lágrimas; misma manzana de Paris, misma daga de Romeo... Muertos por ti miles, ¡sumadme a tus cuentas, oh compasivo aniquilador! Muerta cual margarita de invierno, cual pez en el desierto...

 

Se llama corazón enternecido, razón incomprensible y aplastada; os llamo alma libre en el paraíso finito... ¿y dónde acabas? Pero ¿y cuándo acabas?

 

¿A dónde iremos sin vos?

 

Lo amé... os juro que lo amé... Os juro que os amé. Es siempre lo mismo: amaros para amarlo a él, amarlo a él para amaros. ¿Amaros? No, adoraros hasta el dolor, quereros hasta la muerte.

 

Sólo a vos... sois vos la razón de la existencia y la sublime idea de lo eterno; la justificación de lo finito y el triunfo del espíritu hecho pensamientos...

 

¿Amor? ¿Amarlo, a él? No, lo adoramos hasta el dolor de la vida que nos causa gozo; lo queremos hasta la muerte para dormir con una sonrisa...

 

Morgan de Vampouille.

 

 

 

Les yeux que vous me détournez sont les mêmes yeux qui me prient de vous aimer...

(Los ojos que vos me desviais son los mismos ojos que me ruegan amaros...)

Morgan de Vampouille

 

A quienes lean esto, les agradezco que tomen minutos de su vida para hacerlo; les agradezco cada línea que me dejan en forma de comentarios... Gracias.

Les Vampires N'aiment Pas (fragmento)

Entre Ensueños

 

Cayo la noche en todo Londres, era una noche clara y serena, de esas que los amantes gustan de disfrutar. Ya entrada la oscuridad Arlene saltó de su cama, encendió una vela color verde y la colocó en un candelero, se puso una bata y salió de su habitación Toda la mansión de los Berkeley se encontraba en rotundo silencio. La penumbra dominaba cada rincón de la poderosa morada, sus pies estaban en total frío. Caminaba con cautela, tratando de no hacer el más mínimo ruido para no despertar a nadie. Cuando se encontró frente a las poderosas escaleras pensó seriamente en retornar a su pesadilla, pero bajo; se ayudo del viejo barandal de madera de pino.  Conforme avanzaban sus pasos la casa se tornaba más fría y misteriosa que antes. Consiguió llegar al pie de las escaleras sin caer. Puso el viejo candelero de plata sobre la cómoda a lado de la puerta e intento abrirla hábilmente, trató una y otra vez hasta que la cera de la vela le cello en el candelero, en un vano esfuerzo golpeo la puerta desesperada, nada ocurrió entonces. Volvió a tratar y esta vez, más calmada, lo consiguió.  Dio un pequeño soplido a la vela, se apagó. Salió de la casa apresurada, y tomo la llave de cobre ya casi oxidada, cerró la puerta con destreza y camino rumbo al bosque. En la oscuridad tan profunda de la noche le costo trabajo encontrar el viejo sendero que seguían ella y Hector cuando se veían a escondidas. Sintió un inmenso frío penetrando sus pies, quizá todo su cuerpo. Pero dio un paso y entro en el sendero. Caminaba entre la hierba húmeda, de vez en vez tropezaba con alguna raíz de los árboles fuertes. Cuando dio un giro para cruzar el camino vio en su mente todo tan claro. Ese era, ese era el árbol donde el uno al otro se habían jurado amor:

 

Ella estaba recargada en el árbol, Hector le había rodeado con sus brazos protectores y fuertes, dejándole así ningún camino por escapar. Se cruzaban sus exhalaciones, y sus miradas se estudiaban mutuamente.

-Te amo- le había dicho Hector. Se le había quedado mirando esperando que ella soltara alguna palabra. Pero ella estaba totalmente inmutada. A pesar del frío del fuerte invierno ambos emanaban el calor del amor. Cormark la miraba curioso, analizando cada gesto y movimiento que Arlene hacía. - ¿Tu, que sientes?

-Pasión.- respondió Arlene sonrojándose en la oscuridad del bosque.- Tengo calor.- se miraron a los ojos con interés.

-El frío y la soledad jamás te alcanzarán mientras me tengas en cercanía. La luna sonreirá cada noche que nos abracemos y el sol iluminará nuestros rostros con fervor. -Hector había tocado sus párpados con dulzura. Después acarició sus mejillas con los pulgares. - Solo con el amor que te profeso podre vivir cada día. Por que volvieras a dirigirme esa mirada daría hasta la vida, por que esas tiernas manos me acariciaran quizá me iría directo al infierno, en condena eterna, pero siempre con el recuerdo de ti.

 

Arlene hubiera podido jurar que veía de nuevo la escena en el viejo roble. Caían de las ramas del árbol finas hojas, figuraban el vestido de una bailarina de teatro, pero mucho más fino y estilizado. Las actrices de la época hubieran asesinado por un vestido que se acercara aunque fuera solo un poco a aquella figura entre la niebla. Aun podía inhalar el fresco aroma de aquella noche. Percibió que una lágrima se le había escapado de los ojos. La seco con la manga de su bata sedosa avergonzada por aquello. Continuo caminando por el salvaje camino de tierra y hierba salvaje. Observaba y contemplaba con atención cada detalle del bosque recorrido tantas veces con una sonrisa en el rostro. De pronto, encontró un tronco hueco tirado, ahora una nueva escena se desplegaba en su mente, una aún más agridulce que la anterior:

 Ella lucía un hermoso vestido color vino, escotado por delante, y de mangas amplias y largas, largo hasta arrastrarlo; Hector como siempre, vestía a la moda y lleno de presencia que cautivaba a cualquier mujer que le viera caminar y desarrollarse en la pista de baile.  Ella se había sentado atrevidamente en el regazo de Hector, nada propio para una dama de su categoría, pero estaban solos. El la abrazaba de la cintura mientras ella recargaba su cabeza en sus fuertes hombros. Hector solía oler su cabello color ébano.

-Promete que jamás me dejaras- pidió Arlene como una condición para su amor eterno.

-Lo prometo. Dejarte sería la locura más grande de todas, Arlene.

Hector la alejo de su cuerpo solo para volverla a acercar y presionar con sus labios los de ella. Se estrechaban con fuerza y ella echo los brazos alrededor de su cuello. En tal apasionado beso cayeron ambos a la hierba en aquel entonces seca y suave. Pero eso no impido que siguieran besándose. Mucho había escuchado antes Arlene sobre aquello que ellos hicieron en el bosque. El vestido color vino terminó cubriendo el viejo tronco en lugar del cuerpo de Arlene...

 

 Arlene miró entonces el tronco con extrañeza, esperando que olvidar aquello fuera más sencillo. En aquel momento oyó el aullido de un lobo, se estremeció pero no quiso salir del bosque. Sus pies ya estaban bastante heridos para que no llegara a su destino. No desistiría. Camino con más destreza aunque las lágrimas habían inundado sus ojos. La hierba mojada de pronto aumentaba el ardor de sus heridas, otras más lo reducían. Para el caso, era lo mismo. Pronto estuvo ahí. Frente al viejo lago de agua verduzca que con la luz de la luna llena se tornaba verde esmeralda. Se sentó sobre una piedra llena de moho y vio como el aire agitaba las aguas del lago apenas con un poco de fuerza. Se abrazo las rodillas al pecho y recargo su barbilla sobre las primeras. Sus ojos se llenaron de lágrimas, apretó los ojos con fuerza haciendo que dos lágrimas por lado cayeran sobre su pijama y su bata blanca. Aquella noche la luna brillaba con fervor, tanto que parecía que esa parte del bosque poseía luz propia, como por un encanto. Parecía todo aquello tan inmóvil y soñoliento pero con extrañeza relucía de animación. Las flores salvajes del bosque danzaban al compás del susurro del viendo traicionero que cambiada de ritmo cada que quería, pero las primeras jamás perdían su danza hermosa; cada rama de los árboles se tornaba fuerte un instante y débil a otro, sus hojas, caídas figuraban el llanto y tristeza de ellos. Y la joya que simulaba el agua era lo más hermoso que recordaba en mucho tiempo. Quiso parar de pensar en Hector, ¿por qué había ido ahí, entonces? ¿Qué anhelaba encontrar allí?  Resultaba completamente contradictorio que sintiera como su mente se perdía y su corazón agonizaba pero no deseaba apartarse de ese lugar. Lo vio todo muy claro:

-¿Qué hacemos aquí?- había preguntado ella a Hector con curiosidad y esperanza.

-Disfrutar de una bellísima noche.

Podría haber sido así, pero era Diciembre y el frío aquel año había llenado a todo Londres de una pesadumbre impresionante; ignorando aquello resultaba una noche despejada, se podían ver las estrellas, aún las más pequeñas, brillar, aferrándose a ser vistas.

-Tengo frío. Pudimos charlar en otro lugar, ¿no te parece?- Arlene de verdad tenía frío, pero le gustaba la situación en la que se hallaba. Amaba a Hector.

-No. Lo que te voy a decir ahora no es para nada propio de charlarlo en algún otro sitio que no sea este bosque.

La mente de Arlene se lleno de dudas cuando Hector termino la frase sin ni siquiera mirarla, su tono de voz era indiferente, seco, ¿distante?, ¿insensible?, nada que Arlene pudiera haber escuchado en él antes.

-¿Qué pa-sa? - murmuro Arlene tratando de esconder su temor.

-Tu padre no me acepta. -Era cierto, Jonathan Berkeley no aceptaba que su hija estuviera enamorada de él. Hector dijo aquello con tanta serenidad que pareció que hasta estaba complacido con ello. - Y no me importa...- vacilo un momento en lo que trago saliva y miraba concentrado la mano de Arlene; la última lo miraba fijamente, casi sin parpadear.  -Quiero casarme contigo- confesó al fin.

El corazón de Arlene se lleno de entusiasmo pero se sintió un poco de confusión.

-¿Perdona?- Arlene no pudo evitar articular esta palabra en voz alta. La mirada de Hector cambio de esperanzada y plácida a triste y sombría.

-Si, me quiero casar contigo. Le guste a quien le guste. Tú eres lo más preciado que tengo.- dijo Hector con dulzura, recalco demasiado el tú.

-Pero...

-¿No es eso lo que tu deseas?- le interrumpió vertiginosamente. Estaba apunto de ponerse de pie y pedir una disculpa. Deseaba  correr y morir antes que escuchar que Arlene se negaba a casarse con él.

-Si.

-¿Entonces que  sucede? Temes que esto pueda traer problemas, ¿cierto?- Su voz se torno tan comprensible y vacía de dudas al principio pero le preocupaba el hecho de la aflicción de Arlene.

-En algún sentido así es. Pero te amo, y quiero estar contigo siempre.- Dijo lo último con suma rapidez y con un tono tan solemne y profundo que Hector suspiro.-  No importa lo que pase. Solo que pienso que deberíamos esperar un poco más antes de... tú sabes... antes de eso...- Arlene no solo fue incapaz de pronunciar la palabra sino también de considerarla seriamente.

-De acuerdo. Como tú gustes. Pero solo déjalo más claro: ¿eso es un "si"?

-No. Es un reverendo "Acepto".

Los fuertes y musculosos brazos de Cormark rodearon a Arlene. Así permanecieron por un buen tiempo rodeados solo por la oscuridad y el frío que emanaba el bosque. Una espesa bruma caía desde lo alto de los cielos. El destino que parecía tan misterioso y poco confiable quizá, por una noche, estuviera de su lado del tablero.

-Debemos irnos ya- el tono de voz de Hector fue demasiado claro y dio pocas oportunidades a una réplica. Tomo a Arlene por la cintura y la levanto con una sola mano. Al tenerla frente a él su mirada de ilumino aún en aquella noche de invierno inglés.

-No- replico Arlene.- ¿Y si nos vamos y nada es igual entonces?- la pregunta de Arlene era inteligente.

-Siempre tendremos este sitio...- respondió Hector  a la par de que acercaba su cara a los oídos de Arlene- Siempre... - volvió a susurrar.

 

Arlene limpio sus lágrimas con su hermosa bata. Hundió su cara entre sus rodillas. Intentada mantener su mente fría y vacía pero por más que trataba algo siempre le recordaba a Hector o a Arthur de la Cruise o al formidable Damien Roullier. De pronto, un  pensamiento tan veloz que pareció imperceptible le recordó a Edward. ¿Por qué diablos nadie sabía nada de él? ¿Algo le había pasado? ¿El asunto de la muerte de Madeimoselle Jaqueline había empeorado? ¿Acaso ahora lo involucrarían a él en aquel embrollo? Y el Marqués de la Cruise ¿por qué no había escrito aún? ¿Tan malo era aquello?...

Su mente se ocupaba de analizar eso que cuando un grito ensordecedor le llego a los oídos tuvo que taparlos. Era un grito de horror. Provenía de lo más adentrado el bosque. El escándalo sonaba aterrador, la voz de una mujer gritaba suplicando piedad, pero nadie le respondía. La desesperación de su voz sonaba tan rotunda que daba la impresión de la que estaban torturando. De pronto la mente de Arlene le jugó una broma de mal gusto: Una mujer sangrando de su cara, con el cabello rubio y facciones delicadas, delgada en extremo; gritaba suplicando misericordia. Sus uñas se encajaban en la hierba del bosque, su cuerpo se revolcaba tratando de huir de una figura entre las profundas sombras, ésta última sólo la seguía caminando con lentitud. La veía sufrir con gracia y placer. De pronto, la sombra, en cuestión de un segundo se encontraba delante de la mujer. Pateo su cara fina con tal brusquedad que la mujer perdió el sentido por completo. La sangre seguía fluyendo de su boca y su nariz, la sombra, a la cual ya se le reconocía forma humana, encendió sus ojos cuando la sangre inundo la hierba. La extraña sombra se arrodillo y tomo un mechón de cabello de la mujer, lo olio con tanto gusto y éxtasis que pareció enloquecido por él. Después echo el cabello de la dama a un lado y se inclino, puso la punta de nariz en el cuello de la inconsciente. Después, tomo el cuerpo completo de ésta y lo puso sobre sus fuertes rodillas. Contemplo su rostro repleto de sangre, pasó su dedo índice por los párpados cerrados de esta, esperando que la última despertara: así fue. Abrió los ojos con tal debilidad que quizá apenas vio la figura que la miraba curioso.

-Por favor...- susurro con una voz dulce y casi moribunda.

-No te dolerá- respondió la sombra cerrando los párpados de la joven suavemente. Sonrió con malicia y maldad. Alejo el cabello de la joven rubia de nuevo y acerco su boca a su cuello. Le clavó los dientes. Cuando levanto la cara después de varios muchos segundos la sangre de la pueblerina le corría por la barbilla y sus ojos se tornaban más deseosos y ansiosos que antes. Se levantó de un tirón y dejó caer el cuerpo inerte de la rubia sobre el bosque. Clavó los ojos como si pudiera ver a Arlene.

 

-¡No!- gritó Arlene horrorizada por su visión. Sintió una pesada vista sobre ella. Provenía de la dirección del grito desgarrador. El eco del estallido seguía ahí. Pero Arlene se estremeció al pensar en penetrar más en el bosque. Algo la instó a que corriera de aquel lugar. Sin saber porqué, Arlene dio medio giro y corrió tan rápido como sus débiles y lastimados pies se lo permitieron. Tropezó frente al tronco de su pasado. Pero ahora sentía más deseo de correr que antes. Se levantó y continuó su carrera. Solo miro atrás cuando paso junto al árbol donde Hector y ella se habían jurado amor. Cuando llego a los límites el bosque un gran alivio le lleno el corazón.  Camino sobre cada piedra que había. Llevo a la entrada principal de la casa y busco la llave de cobre de la cerradura. Abrió la puerta y entro a la imponente construcción, incluso ahora le parecía más fría que el bosque mismo. Subió las escaleras torpemente tratando de no despertar a nadie, pero no lo logró.

-¿Qué haces, Arlene?- pregunto aún dormitando Page. Bostezó.

-Quería un vaso con agua- dijo Arlene con un solo hilo de voz.

-Sube ya.- sentencio Page cuando se dirigía a su alcoba.

Nadie, incluso la misma Arlene, pudo notar las lágrimas que corrían en las mejillas de la menor de las hermanas.

 

Morgan de Vampouille

"Adieu, mon amour"

"Adieu, mon amour"

Acto 1

Escena Segunda

(Agathe en sus aposentos, fuera en un pequeño balcón paseando por él, llevando un vestido verde con hombros descubiertos, con su cabello castaño recogido. Los muros de la habitación deben de ser blancos y los muebles conservadores. Ella debe mirar a la Luna quien la contemplará en silencio con más compasión que entendimiento.)

 

Agathe: (reflexiva, casi susurrando para ella y la Luna.) ¿Dónde? ¿Dónde se esconde el secreto del amor y la pasión? Ese inmenso mar de los secretos del corazón, donde la espuma de las olas baña el cuerpo en una calma eterna... Y la libertad de las aves al ver el mundo en los ojos de las alturas mientras nuestra vista se cansa en un muro de fría piedra... ¡Oh, en ti, Serge, el mundo se pone a mis pies! Puedo ver más allá del horizonte nocturno cuando vuestra voz acaricia el aire pero en rocío me convertiría de tener vuestros pensamientos caídos en papel, de tener el aroma de vuestra piel sobre la seda de mis ropas en inmortal naturaleza me transformaría...

Y vos, con sus fríos besos me congeláis, vos me ofrecéis el mundo en entero sin el calor de vuestra compañía, vos me deleitáis con versos de Dumas cuando vos no sentís nada al verme a los ojos. Vos sonreís con la frivolidad con la que un volcán podríase apagar. Y mi amor, sed la rosa que cae al suelo esperando que la vos la recojáis, sed la rosa que morirá en el crudo invierno con la esperanza de una primavera que jamás llegará, del agua que nunca rociará sus pétalos con ternura. Sed la rosa que palpita con la ilusión de un Sol que nunca mirará, mi amor. 

Y mientras más el tiempo pasa, os espero más, os ofrezco el corazón a viva sangre. Mas vos, no tocáis vuestra alma la forma en que os miro... Ocultáis vuestra aversión con tan fina máscara que la tristeza de vuestro rostro a mi lado, me desangra. Jamás, vos me habéis hablado de amor, ni pasión; y yo me hundo en las lágrimas que ahogo en los ojos...

Intento despertar en vos alegría y amor con mi cuerpo, con mi voz, con mi todo; empero el sino os ha puesto en mi corazón en un descuido al quitarme del vuestro.  Y diferenciada de Inés, la pureza no me ha servido para conquistar a Don Juan, pues no encontráis nada en mí. Sois aquel que busca aquello no conoce y ama lo que ni siquiera ha soñado. Sed el amor privilegio de unos, tortura de otros.

Pero a lado de vos, la idea de amor no existe. El latir de vuestro corazón no concuerda con el mío. Lejos de los cuerpos se encuentran nuestras almas, nuestras fuerzas y por ello los ojos no se cruzan...

Y los años pasarán, Dios bendecirá la unión de dos almas castigadas por los cuerpos: la vuestra atrapada en una promesa de caballero, la mía, en la esperanza de un amor que jamás le recompensará. ¿Cómo es que podría Dios bendecir la prisión del espíritu? Y el blanco del vestido lucirá el negro del luto que llevarán las alas de la libertad. Y cuando la muerte se apropie de alguno quizá  felices seremos, habremos roto las cadenas de un delicado listón blanco y el dorado de dos anillos. Más de la política los hijos concebidos prueba serán... Y los besos, a una formalidad reducidos serán, cuando el mismo amor los maldiga por la osadía de retarle. Y no añejaremos nada que no sean penas, mejor el vino disfrutará de los años que nosotros.

Luna: (comprensiva.) Olvidad tantas penas, dulce niña. El fuego que corre en vuestra sangre es suficiente para mantener tibia vuestra alma... Vos rogáis al cielo por el amor de un hombre que no os escucha al oír, que no os contempla al mirar... ¿Y con esa belleza, cuanto podríase tardar en caer en el ensueño en que vos estáis sumida?

Agathe: Luna mía, ¿qué os puedo decir? Ni los dos mares verdes que le miran le comparten su profundidad, ni el brillo del rubí le inspira un beso, ni la nieve una caricia... Inerte él está. Nada en mi encuentra y aunque lo encontrase en la escultura, pronto los otoños la arrancarán de mí cual lo hacen con las hojas de árboles... Si en mi alma nada ve, jamás el amor surgirá.

Luna: (con ironía en su voz.) Niña, tanta gente ha amado la luz de la luna cuando lo único que hago es reflejar la grandeza del sol...

Agathe: (melancólica, murmurando con las lágrimas en los ojos.) ¡Oh, Luna! ¿Es que acaso ese amor a vos completa? ¿Es que los versos que recitan frente a vos os van dirigidos? ¿Acaso en las bodas que vos ha presenciado los votos os han dedicado? Vos sois solamente testigo del amor pero jamás amante lograréis ser.

Luna: (con ironía disfrazada en dulzura.) Atestiguar el amor, quizá es mejor que conocer el desamor.

(La Luna se disuelve entre la bruma que circunda en el cielo entristecido. Pronto su luz se apaga mientras Agathe se pierde en sus vagos pensamientos, caminando sin cesar en su balcón. De vez en vez busca en el cielo a su aliada de cada noche, pero su boca no pronuncia palabras. La joven vacila en entrar a sus aposentos donde seguro se verá sumida en un llanto incontrolable mientras su corazón, una vez más, late solo por el deber de vivir.)

Agathe: Cada noche, frente al Sol de la noche, ruego porque más que el deber que el obliga a sonreírme sea el amor quien en mi búsqueda lo mande, y cada mañana mientras espero con ansias el rostro de mi amado iluminado con alegría, descubro en sus ojos el pesar que le produce un día más cercano al día en que ha sido condenado a desposarme.

(Telón rápido.)

Fin del Primer Acto

Morgan de Vampouille

 

Acto 1 de

Este es la primera escena de mi obra de teatro, espero la puedan leer y disfrutar... La escribi porque muchas veces nos sentimos tan apagados por dentro que incluso no vemos la belleza de que aquellos que la ven en nosotros...

 

"Adieu, mon amour"

Acto 1

 

Escena Primera

(Serge, la Noche y el viento)

Serge sentado a las orillas de un río, el rio desierto. Rio de aguas claras y calma inmensa. Vegetación otoñal, en tonalidades de naranja y rojo. El suelo cubierto por hojas. Cae la oscuridad.

 

Serge: (reflexivo y con tristeza) ¡Oh vida! Que me has arrancado la vitalidad. Vengo aquí cada día y cada noche a ver como las flores se marchitan por los caprichos del tiempo. Atrapado en las fuerzas del sino, en la telaraña del desamor.

Rio magnánimo, es tu vida tan calmada, tu interior tan profundo que no puedo hacer  más que envidiarte. Alimentas a cada planta, llenas de un verde distinto a cada una, y yo... ¿yo qué soy para la vida?  ¿Soy un títere con el que juegas, oh Dios? 

¡Ocultadme, noche!  Aquí nadie averiguara mi miseria, la tristeza que llevo dentro y la desesperación que guardo cada día...

Noche: (ofendida) ¡No oses pedirme que te mantenga oculto de tu pobreza espiritual! ¡Tan cobarde eres que no encaras la vida!

Serge: (desolado) Pero, yo... yo jamás he amado, la vida no ha traído a mi lo sublime de ese sentimiento. Y yo, tratando de buscarlo por mi cuenta, he desafiado a Venus pretendiendo sentir pasión...

Noche: (sarcástica) ¡Já! Tan desesperado estas por un significado de vida que has buscado sentir lo más banal jamás inventado... Pobre alma en desgracia... Empero tu desgracia es más grande aún con tu autocompasión... Tan miserable te muestras que has de culpar a la vida por la poca poesía que puedes ver en el mundo

Serge: (consternado, poniéndose en pie) ¡Oh, Noche! Tú no has de comprender,  atrapado en un mundo sin sentido, pero yo mismo represento el sentido de alguien más... ¿Si yo no tengo, por qué se lo he de negar a alguien más?

Noche: Es tu propia intrascendencia la que te ha llevado a eso....

(Se va la Noche)                                                          

Serge: ¿Cómo? ¿Cómo poder alejarme de mi angustia interna? De la miseria y la pobreza que me carcome dentro, la poca riqueza que tenía ya la he entregado toda y, como si fuese poco, no la han regresado. Las sonrisas que de mi se escapaban se disipan con el viento...

(Entra el viento)

Viento: (enfurecido) ¿Yo? ¿Qué he hecho yo que me reprochas?

Serge: Viento mío, era solo una frase descuidada. He entregado a una mujer la riqueza de mi alma, pobre me he quedado. Ella me da sin medida ni razón, entrega su cuerpo y su corazón sin pudor alguno; mas yo, yo no puedo verle con amor. Cariño, viento mío, es lo más que puedo sentir yo por ella. Es tan pura e inocente que desilusionar a su pobre corazón rompería más el mío que el de ella.

Viento: ¡Pobre eres, humano ingrato! Lo que ella te da lo desprecias, quieres aún más... ¡No! No eres pobre, paupérrimo es lo que eres puesto que no ves en ella lo que quieres encontrar, eres miserable porque piensas sólo en lo que no tienes...

Serge: ¡La tengo a ella!

Viento: ¡Humano inmundo!, eso no lo quieres aceptar, ella que podría ser tu todo y tu visión entera es la simple mujer que se entrega en busca de que tú lo hagas. Tu corazón es tan frígido que no late al escuchar su voz hablar, tus labios tan estáticos que no sienten tentación de besarla... ¡Roca eres, porque así lo has de desear!

Serge: (indignado) ¡Mientes! Intento que mi corazón palpite por ella, que su sonrisa sea el mismo Sol, que sus ojos las estrellas.

Viento: Si así fuese no rogarías el cielo por un amor

Serge: ¡Oh! ¿Tú que sabes? Pasas la vida espiando la voces de los demás, tu voz es aquella que puedes imitar...

Viento: Tanto sé que he provocado tu furia, pero tanto ignoro que tengo que escuchar... A escuchar aprender deberías...

(Se va el viento)

Serge: ¡Dios Todopoderoso! ¡Piedad! Todos conocen mis secretos: la pretensión que llevo dentro, la desesperación y la pasión prisionera de este corazón inerte. ¡Duelen los músculos de la faz al sonreír! ¿Le miento acaso si intento amarla? ¿Dime, qué más puedo hacer? Si tan sólo verla me causa ternura pero no inspiración, corro a ella con el impulso de que al abrazarla la pasión nazca, pero siempre se queda en anhelo. Veo dentro de sus ojos verdes buscando lo maravilloso del mundo en ellos pero no encuentro lo maravilloso de ella. Busco en la piel de sus pálidos y débiles brazos la fuerza que emerge de ella, pero siempre me toma entre sus manos diciendo cuanto me ha de necesitar. Por un "te quiero" de mi boca ella mataría pero jamás saldrán esas palabras por ella. Ella, sé cuanto merece: yo no puedo dárselo, lo intento y trato con el esfuerzo de mi vida, he de morir tratando de amarle... Y ella, ella me da, me mira, me dice, me susurra y me ama esperando que yo lo hiciese, sufre incluso más que en la concepción del hijo que aún no tiene... ¡Agathe! No os torturéis más... Buscad lejos de mi aquel que en ti el verdadero amor provoque y tú a él le hagas renacer, Id a través de los mares y los ríos, de los desiertos y las tundras; hasta que tus pies sangren de cansancio, y aquel que os los  cure será el merecedor de vuestro corazón... ¿Yo? ¿Yo que he hecho por vos? Vos se me entregó libre y casta de pensamientos impíos... Yo solamente he corrompido sus deseos y su vida. Soy plaga y hongo maldito que le roba la vida y la esencia. idse inmediatamente! Cuanto más lejos mejor, porque así mi veneno nunca tocarle podrá y vos jamás moriréis.  Querida mía, eres cisne, pero me conquista más la transparencia del agua... Jamás tuve nada que decir, y difícil decir si lo tendré es. Es el inútil corazón que no se deja convencer, es la mente impotente de hacerle revivir. Rasga el alma al cuerpo, el espíritu al cerebro para que despierten de la hipnosis en que metidos están. Agathe, no eres la Rosalía de este Romeo que desplazada por Julieta será, porqué no es deseo ni pasión lo que tu rostro me despierta... ¡Miradme, santa belleza, gritadme lo poco que soy para vos al no poder amarla! Yo quiero, y no puedo... Os apuesto sufro igual que vos por su sentimiento tan mal correspondido. Esos ojos verdes, encantan a todos menos a mí... ¡Soy tan indiferente a la belleza que portas que parezco más un vegetal que un hombre heredero de Adán! ¡Ay de mí!

(Telón rápido)

Morgan de Vampouille

Hey un saludo especial para mis amigos: Caro, Karla, Ale, Brenn, Jenn, Omar, Bryan, Tania... Allonsow, Zhandy...!!!

Y uno aun más grande para mi hermanito Bruno!!! (sólo por su cumple jiji)

Los quiero muuuuucho a todos!!

De la Noche

La inspiración de un ensayo en la descripción del lirismo interior...

 

De la Noche

Noche de inspiración, cuando la pluma son las débiles manos; quizá el tintero, la mente; la sangre la oscura tinta que tatúa el papel, mi cuerpo...  Es la noche donde nacen las palabras de mi mano, y las ideas se conforman libres. Ahí donde el alma renace entre las cenizas de sus desasosiegos, el alma que cree poder flotar, dejarse llevar en el aire cual las hojas antes prisioneras de los árboles marchitos de los años tan coléricos que han enfrentado.

Es la noche donde el cansancio se manifiesta en nuestro cuerpo, el dolor conquista los brazos, las piernas, incluso la sonrisa que fingimos cuando el Sol es rey; porque en la noche las lágrimas que derramo nadie las nota, los gritos que se aferran a la garganta son ignorados, porque todos vagan en sus ensueños... y yo, yo que me ahogo en el mar oscuro y enfurecido de mi mente... Y los brazos abrazan para proteger al cuerpo ebrio de frío, mientras el sentimiento florece con el abraso de la pasión.

Noche que siempre retornas para darme consuelo, para que el silencio me bañe en su ruido tan agotado y tranquilo, pones a la Luna como mi hombro para llorar; y entre mi llanto me arrullas y duermes; y entre mis noches de insomnio me meces en las frágiles ramas de árboles azotados por el viento, cuando la muerte murmura en tu oído y te tiente sin llevarte.  Y lloro, una y otra vez sin llenar el vacío con lo salado de mis lágrimas, y las uñas que desgarran al corazón para no sentirle roca, y libero las voces tantas veces reprimidas como murmullos... Tan angustiada porque la armonía del silencio no se vea aturdida por mi imprudencia... ¿Pero si no es contigo, reino de la oscuridad, dónde más he de dejar volar al espíritu?

¡Ay, los soliloquios! Esas charlas con el corazón, cuando éste se expresa en sangre, y el eco de su latir se vuelve el recuerdo de la voz de aquel cuyos ojos inspiran tu respirar. Las confesiones del corazón moribundo por el abandono, del alma desangrada por decepciones y el espíritu envenenado por frutos prohibidos. Soliloquios de las rosas rojas eternas, que sólo se marchitan cuando el Sol roba su teñido tan perfecto. ¡Soliloquios! Ay del cielo que los escucha, de las paredes que los guardan y del aire que los disipa. ¡Malditos que ocultan al mundo las maravillas de lo que inspiramos en solitud, mas no en soledad.  Porque es el encuentro con el interior que no exteriorizamos, el interior que no es banal... Y nadie jamás llegará tan lejos...

Noche de cuervos y de animales ponzoñosos que se ocultan en lo más recóndito del universo, esperando que al llegar al amanecer el mundo perdone el pecado bajo el cual han nacido. Pero la Luna solidaria y generosa les permite salir, de pronto las alas de los cuervos se extienden en las alturas en búsqueda de las miserias que los demás animales han dejado para ellos... Y los murciélagos tan castigados por su necesidad de vida, de sangre...

Noche donde reina  la bruma de los pensamientos para que fluya la luz de los sentimientos, cuando no vemos rostros y no somos engañados por imágenes sublimes, porque cuentan más las palabras y las voces, la dulzura con que nos hablan... Todos ebrios de frío, del vino que nos trae el fresco rocío que va cayendo antes del amanecer... Donde los sueños son más que eso, por segundo realidad... 

De la Noche la sinceridad, pero cuando los largos brazos del Sol tocan nuestros ojos, nuestras divagaciones se terminan, nuestra elocuencia disminuye, la inspiración se colapsa y de pronto todo se estremece; hasta las estrellas estallan de tristeza, la Luna ya no llena, ni nueva, ni creciente, más bien menguante es, en la carencia de su verdad... Y el cielo se aclara mientras el corazón vuelve a latir en silencio, cuando el alma se aferra a las cadenas del cuerpo... De pronto se traza una sonrisa en todos los rostros, una sonrisa que cansa y tortura cuando no es real... Y al final, sonrisa macabra que la noche misma siempre extinguió.

 

Morgan de Vampouille

¡Perdidos!

A veces las personas cambian... y extrañamos quienes eran.

 

Perdidos...

 

Gallardo caballero de capa y espada, ese magnánimo rey de la retórica, príncipe de caballeros, defensor de las artes, vampiro bendito, poeta de corazón, siervo del mundo, filántropo de la sabiduría, emperador de corazones; todo aquello eras. Sin duda una maravilla de la cual el mundo se enorgullecía. Eras el heredero de Romeo, el albacea de Drácula... Con esas manos, mi amor, hubiera jurado eras elegido del mundo para expresar su superflua existencia, sus agonías, sus tristezas, sus penas, sus alegrías, sus atrocidades.

Tú, tú que escribías más para ti que para el mundo: esas dos gemas de ámbar y la larga de rubí sobre la nieve de tu cara, expresaban más que tus mismas palabras sobre hojas de papel.

Y cuervo, y águila. Cuervo de penas y agonías, con la grandeza con la que surca el águila los cielos. De tantos tienes el desprecio, de otros admiración. De alas negras con tonos en dorado, de pico desgarrador de carroña así como de vivos animales. De alturas bajas hasta llegar a la cima de montañas orgullosas e imponentes. Tenías del cuervo la oscuridad, del águila, la elegancia.

Eras, cielo mío, elegido de la grandeza, hijo del arte y la sensibilidad. Representante del Romanticismo pero amante del Naturalismo.

Dime, cielo, ¿qué no era él? Si cuando me miraba el alma temblaba, si cuando me hablaba el simple eco de su voz me enloquecía, si el roce de sus manos en mis mejillas era más tierno que el de una rosa...

Pero amor, esa maravilla que el mundo presumía se perdió en la anarquía de su universo. ¿Qué fue de tus miradas sinceras? ¿A dónde han ido las rimas que venían del corazón? Se desploma el corazón al ver como naufragas en el mar del alcohol, al contemplar como vas perdiendo la mirada en la bruma espesa proveniente de un tabaco barato... Duele ver como tus versos han cambiado, como tu elocuencia fue aniquilada por el léxico vulgar que profesas ahora, esa galanura y caballerosidad tan devastadas por tus nuevos modales...

Tú, tú que me inspiraste las más grandes creaciones, tú que me mostraste la luz de la oscuridad, el silencio en el ruido, el perfume del rocío. A tu lado, esa felicidad que solo las aves experimentan, yo tuve. Esos vientos que te guían, esos paisajes de bosques, de tundras, esos lagos pacíficos y los ríos caudalosos... Si escribo, es porque tú siempre me has inspirado; si respiro es porque tú me mostraste el placer que es respirar, si fijo la mirada en una paloma negra es por lo que fui para ti. Pero, hombre, te has perdido, y contigo lo he hecho yo.

¿Dónde estoy? ¿En dónde he estado todo este tiempo? ¿Qué he hecho? ¿Quién soy? ¡Ay amor, que me entregue, que regale mi corazón, que deje que el alma le venciera a la mente¡ Me convertí en todo aquello que deseabas, solo para disiparme de tu vida en instantes...

Perdida, perdida entre los pensamientos de locura, de lucidez... ¡Hay amor! Hay amor en mi corazón aún, siento decir que no es por ti... Es por quien eras:

Lejos te fuiste, pronto me olvidaste; mas siempre en mi corazón permaneciste... La primera imagen que tuve de ti es la que guarde, aquella donde tu mirada miraba la mirada mía, cuando tu voz resonaba en mi memoria, cuando tus manos envolvían las mías... Esa imagen donde eres perfección, donde Romeo era humillado por tu habla, donde el elegante Drácula se veía reducido a informal cuando te veía, cuando a Poe le faltó sentimiento al declamar si tenía tus ojos enfrente.

¿Y yo, yo que fui para ti?  ¿Tatué acaso tu alma? ¿Por que yo? ¿Por qué vivo? ¿Qué es vida? ¿Quién soy? ¿Quién aprisiono mi alma en este cuerpo inútil, devastado por el tiempo? ¿Qué es el tiempo?

Cuervo y paloma fuimos juntos, vampiro y ángel volábamos ambos, blancas y negras nuestras ropas; pero espíritus iguales. Sueños comunes, ¿quien se perdió en el camino? ¿Yo cuando te entregue mi ser entero? ¿Tú cuando me disipaste y cambiaste de rumbo?  Si mi rumbo fuiste tú, lo perdí.

Caminando ciega, viendo la oscuridad que le otorgaron y la luz que le hurtaron; escuchando el eco que regresa de tu voz y el "te quiero" de tu boca que se aleja; saboreando el olor de las rosas rojas que traías, oliendo el tacto de mis manos sobre tu faz.

Caminando en la oscuridad de la luz que perdí de tus ojos, rogando que las espinas del camino se enclaven en mis pies y no en el corazón, que los pétalos de las flores deshojadas por el otoño no oculten alacranes y animales ponzoñosos...

 Sendero de mi vida, quien eras. Inspiración de mi poesía, quien eras. Alas doradas de cuervo, quien eras.

 

Y si me pierdo, recuperaré el camino ,amor, lo sé. Duele más desconocer si tú lo harás, si la dialéctica y retórica volverán a tus labios, si la literatura retornará a tu cabeza... Se desilusiona el mundo al ver lo que perdió, las virtudes que dejo escapar de tu persona...

Que cuando veas tu imagen en un espejo, cuando veas tus hilos de ébano argentados te preguntaras quién eras. Triste será que no lo sabrás, que la respuesta no llegara a ti fácilmente, porque para entonces habrás olvidado de donde vienes, a donde ibas, cuando te desviaste...

Quien habrás sido, quien serás, ya no importará; porque el mundo también para ese entonces ya habrá exterminado tus viejas virtudes con las de alguien más... ¡De tu inmortalidad, de esa impecable trascendencia que pudiste haber tenido, tendrás sólo el espectro del sueño!

Si ya encontraste otro camino, mi bien, ve, síguele. Deja que el Sol deslumbre tus ojos, que la Luna te cante al oído, que el viento te ame y el frío te bese. Ten la mirada fija en el horizonte, pero si ya te perdiste ¿qué más da dónde tengas la mirada?

 

Ve, cariño, que sí serás eterno. Esa imagen donde eras caballero, donde tomabas las copas de vino con la fineza de una pluma sobre el papel, cuando tus labios se plegaban jugando con el viento, cuando te cabello se alborotaba por el aire, cuando el rocío mojaba tus mejillas formando lágrimas falsas; esa imagen yo guardaré y jamás nadie te olvidará...

 

Perdidos, perdidos estamos... Ambos pecadores, ambos santos, ambos soñadores, ambos locos por nuestro desamor, ambos observadores del mundo y sus maravillas, ambos desorientados, ambos buscando senderos que seguir, ambos jóvenes, ambos con ansias de amor, ambos espetando al corazón, ambos perdidos en el mundo que nos encarcela, pero tu perdido en tu narcicismo, yo en mi miseria...

 

Morgan de Vampouille.

Serpiente

Las decepciones muchas veces nos llevan a la perdición. Los sentimientos de tristeza y agonía son de los que más nos cuesta salir, pero muchas veces los que más nos enseñan y más fuerza nos dan a continuar...

 

Para alguien cuya presencia sólo es física:

Serpiente

Ay noche. Me vuelve loca la forma en la que las estrellas se mezclan con la oscuridad... Y el aire que sopla tan suave y tiernamente, ¡amo tanto ese paisaje! Es la noche la única que me protege de ti. Tú que estas presente en mi por las mañanas y en las tardes... tu que me torturas con tu rostro al mirarme, tú... Eres mi simple tentación... No quisiera que el sol saliera por lo alto de las colinas, al éste hacerlo tú rostro volverá a mi

Eres bestia. Tu siempre estas allí, viendo como el corazón de muere del dolor que le provocas con tu desprecio; eres un maldito sádico que disfruta de mi sufrir cuando tus ojos penetran por mi cuerpo. Te cuelas por mi alama y te enroscas en mi cuerpo, te deslizas con las intenciones más impías que pudieran existir. Te postras ante mí con una mirada retadora. Desnudas con los ojos y tu sombra me persigue por siempre... ¡Juro que cuando te me acercas mi cuerpo sufre y se excita al mismo instante! Eres la simple personificación del deseo carnal y la lujuria. Encarnas perfectamente la idea de lo prohibido. Los pecados son para ti una simple idea de lo que debe de ser corrompido. Seduces con esos ojos claros y esa pálida piel....

¡Ay de mí! Que mi corazón late más rápido cuando me diriges la palabra, cuando tu voz resuena en el silencio profundo; el alma se enloquece cuando su silueta se diferencia de las demás sombras... ¡Vaya falacia de corazón! Es la mente tan astuta pero el corazón tan ingenuo. Es el denigrante corazón que se deja llevar por tus palabras de conquista y tus miradas apasionantes.  No es la psique la que manda a mis ojos a volverse a ti, es el iluso corazón que no puede ver más haya de las virtudes que exaltas solo para ocultar tus muchos defectos. Aún con mis ropas negras no logro ocultarme de tí, las sombras no son lo suficientemente oscuras para poder esconder mi figura. Devasta al cerebro cuando las piernas se rinden ante tu romanticismo... ¡Despierta del ensueño maldito, corazón!

Lo prohibido es lo más deseado. Eres serpiente. Serpiente escupe fuego, fuego que son tus palabras que encienden el espíritu.  De piel hermosa y tentadora, de ojos misteriosos y atrayentes. Devoras pequeños roedores que se cruzan por tu camino, sin compasión o remordimiento algo los llevas a la muerte y perdición. Ellos son encantados por ti tal como lo soy yo. nos arrastras a tu mundo de fuero eterno, a donde la luz no tiene lugar....

Te deslizas por los árboles, siempre tienes presas que cazar. Llevas tus miradas y tus pasiones o nuevos niveles.  Persigues con esos ojos, llevas tu cuerpo sin medida a donde aquello que cazas se encuentra. Tienes el descaro de provocar. Y seduces...

Una se siente tan indefensa cuando no puede huir de tus encantos, se siente tan desnuda cuando pareces leer el pensamiento. Cuando sabes que el corazón late y quieres comerlo, eres una bestia infernal, has subido solo ha provocar dolor y angustias...

¡Y ahí estoy yo! Parada frente a ti, escuchando como me invitas a tomar el fruto prohibido. Solamente una mordida de la manzana más roja y tentadora de todas. Es un reflejo de ti mismo. La extiendes y hablas con precaución. Mis oídos castos sólo sucumben, mis ojos se pierden el mar de tus metáforas... No ofreces rosas, ofreces frutos prohibidos. Las rosas que son tan eternas e implacables. Aún en invierno viven, sus hojas se secan poco a poco, y su último fantasma se queda en el corazón. Las espinas egoístas! Y las entiendo, ¿quién no querría defender la belleza que la naturaleza nos ha otorgado? Blancas, rosas, rojas... Flores que se tiñen de mil colores, que se mezclan con la luz... ¡Qué no daría yo porque en lugar de ofrecerme una manzana me tendieras una rosa! Y es que tu fruto se pudre como tus palabras, ese fruto lo carcomen los gusanos, ese fruto maduro en rojo, que no es nada más que la pasión y la lujuria a la que incitas.  Puedo estirar la mano, querer tomar la fruta. Muy dentro de mí lo prohibido es lo que más disfruto.  Los que más ansío es el fuego eterno, las alas de un vampiro rodeando mi cuerpo, el frío de mi propia muerte llamándome: tentaciones al fin.  Los dedos son torturados entre mi deseo de aceptar tu ofrecimiento y el raciocinio que dice no. Dedos que quieren lo mismo que el cuerpo, la satisfacción carnal, por menos interior y espiritual que sea. Los labios que solo quieren probar lo que ofreces, se secan y ruegan que te acepte. La lengua que ruega por algo más que simple agua... Y tú disfrutas de ver como mi cuerpo se colapsa, de ver como todo mi yo se contrasta entre mis deseos y lo que de verdad considero correcto... ¡Maldita serpiente!

Eres la sola imagen de lo impuro, de lo impío... Y verdaderamente no soy yo la imagen de la castidad y pureza; más pecados que tú he cometido mas ocultos están bajo el candado de mi mente, se encuentran en lo más recóndito de mis pensamientos y recuerdos... Tu exhibes los tuyos cual trofeos, ¿seré yo uno de tus próximos trofeos?

Sólo una mordida... eso es lo único que pide el cuerpo... Pero si así lo hiciese no podría parar, mis pecados revelados serían y jamás volvería a tomar razón... ¡No me interesa! Por favor, acércate, que no refutaré el fruto, mucho menos a ti, mi serpiente...

¡Encántame! ¡Quémame! Soy tuya, desliza tu cuerpo por el mío, enróscate a mi cuello... Piérdeme en lo misterioso de tus palabras... ¡Enséñame que tanto he de poder pecar! Aquí estoy, solo acércate y ni el viento nos separara... Uno más de esos roedores podré llegar a ser, ¿vale la pena por esta satisfacción? ¡Qué importa eso! Sólo llega a mí...

"¡Abre los ojos!" dice la psique...  Es un sueño, que me hayas tomado y seducido solo ha sido un juego, una ilusión de mal gusto... Y tiene razón la mente, aún estoy parada frente a ti, esperas, esperas... Con tus ojos me retas, con tu boca me incitas... ¡Tentación! ¿Qué más da? Ya pequé...

Pero soy yo la que aguarda... Te deseo, deseo, deseo, lo único que me interesa... ¿La mente? Es ella quien me reprime...

"Tómala". Así es, solo un bocado es la más placentera sensación, ¡que lo prohibido es lo más delicioso! ... Abro los brazos, que el castigo divino caiga sobre mi... Ya sacie todo lo que necesitaba...

¡Me ahogo! un solo bocado se queda en la garganta, para siempre...

 

Morgan de Vampouille

 

"No es que tus palabras me causen dolor, o quizá sí... Masoquista puedo ser, pero loca, no. Porque con esos ojos con los que me miras se transporta el alma al interior, reparando las heridas más profundas pero dejando llagas externas más pequeñas que arden..."

Morgan de Vampouille

Campo estéril...

¡Ay campo de rosas blancas! Estas tan frío y desolado ahora... Que cuando era la suavidad de tus plantas y hiervas con el contacto de mi piel la más placentera de las sensaciones; el sol que caía sobre tus pétalos blancos, la más bella de las artes; ¡Y la infinidad de tu extensión, el universo abierto a tus caprichos y deseos! Ah, y tus sombras, lo más glorioso de todo aquello; era estar contemplando la luz y tu hermosura desde ti misma!

¡Ay campo mío! Ya no oigo las aguas regar tu tierra, no encuentro aves que visiten tus árboles. Y es que la vida te ha abandonado, ¡Maldito sea al astro rey que se niega a iluminarte, a darte solo una esperanza de vida... un suspiro más! Parece que la noche no ha de partir lejos de ti, ¿qué acaso no le parece tedioso a la Luna solo mirar lo que está en cadáver? ¡Pensar en la opulencia natural de tu antigua belleza  por las noches es la simple tortura que tengo que llevar!  Todas tus plantas y flores se encuentran en herrumbre, hojas y pétalos secos que inundan tu tierra, tallos que ya han caído de sus alturas... Pisando esas hojas ya teñidas en castaño es cuando puedo ver la nada de ti, en cada paso escucho tu canto angelical, mis oídos se deleitan con ese simple susurro de la misma cuando de pronto, el crujir de la obsoleta hoja llena mi ser mi eterno martirio: ver el fantasma mendigo de lo que fuiste que vaga sin cesar en mi mente vacía...

Odio saber que la muerte ha venido a acortar  tus flores, ¡a quitarme lo que amaba! Maldita sea la noche en la cual vino a arrancar toda tu vegetación de raíz, maldito sea el momento en el cual aventó los cuerpos inertes de éstos solo para demostrar su obra... Tú, que eras tan viva, eras simplemente lo que la naturaleza hizo de ti, no lo que el mundo quería de tí; tu, el símbolo del campo virgen que tenía más pecados que los amantes que entre tus hierbas de ocultan; tú, con la pureza de tus rosas blancas que se mancharon tantas veces de sangre, sangre que pronto limpió la lluvia...  ¿Cómo es que la Vida te pudo condenar a morir cuando eras lo único que la aludía? ¿Quién fue en verdad el que te castigo, la muerte o la vida?

Cuando me paro en tu tierra, es como si de pronto pudiera ver tus ojos mirándome, preguntándome porqué has caído en el infierno... Pero yo no te puedo responder, es como si las palabras se atoraran en mi pecho, me quedo mudo... Yo... ¡yo vine a infectarte de la muerte! Soy el despreciable hongo que vendió tu alama al diablo... eso que parecía ser tan puro, tú, fue invadido por el asqueroso ser que roba vida, la cadena que arrastraste hasta tu final... No hay más culpable  de tu final que yo mismo!! ¿Por qué? ¿Por qué tuviste que aceptarme en tu seno? ¿Por qué jamás me trataste con desprecio aún sabiendo lo que era y me echaste de tu vida? ¿Por qué pecaste aún más solo por mi presencia?

Y hoy... hoy no das ni una rosa, ni una espiguilla de arroz.... Pronto nacerán de tu seno hierbas silvestres y salvajes, las rosas se velan colmadas de espinas, el césped crecerá y luego inundará a éstas para asfixiarlas, las ahorcará... Y nadie, nadie te habrá amado más que yo. Son tus campos estériles de vida, ¡pero de la vida que provoca más vida! Esa sensación que nos estira los músculos de la cara para obligarnos a sonreír, ese amor con que te miraba, nadie me lo regresará...!!!

Y tu tierra donde antes había calor, se torna fría y solitaria, es tu piel... Las rosas rojas relucientes se redujeron a estúpidas flores marchitas... tus labios secos!!! Mis pisadas... son la caricia que te doy pero parezco escuchar un grito de dolor...!! ¡Ah, y el aroma de tus rosas, ya no emanas el olor de fresca mañana... Y los tallos, esos que bailaban con el viento, ya han caído... Y tus únicas sombras, que eran tus ojos, se han extendido por tu cuerpo entero...

Maté a lo más preciado... tu eras rosa, yo hongo; mientras tus alas las creo Él, las mías fueron hechas con los pecados y lujurias de mi vida: ángel con demonio! Tu eras campo del cual nacía la dicha y la felicidad, yo era la ataúd en la cual te enterrarían!

Pero te amaba, renací cuando tus pétalos me tocaron... Daría lo que fuese por estar tendido dentro de esa maldita caja de madera ocupando tu lugar! Desearía haberme alejado de ti, haber dejado que ti florecieran orquídeas, que tus árboles dieran frutos sagrados y no prohibidos... ¡Amor mío! Es todo culpa mía, es tu muerte mi prisión, mi remordimiento...!!  Congelar este momento... antes que bajen tu cuerpo al infierno y te entreguen completamente al Demonio... ¡sí! yo lo hice antes... pero no lo quise así...!! Quisiera tener tu imagen para siempre pero tu recuerdo se irá disolviendo en mi memoria, porque ni un fruto me dejaste, ni un beso...

 

Ollivier Vampouille

(Escrito a Morgan de Vampouille)

Morgan de Vampouille

 

 

 

Trasplante de Corazón...

Duele, duele el abyecto corazón; es cada latido un tormento para el alma. Es el retumbar de mis sentidos muy perdidos en la infinidad del silencio del hospital. La cama es tan incómoda que la espalda se aturde a cada segundo, y las sábanas tan frías como el último beso que me dejaste, amor.  Los labios se resecan con el viento que no sopla fuerte, empero el agua está tan lejos que mis débiles piernas no podrían alcanzarla. Los párpados pesan y se cierran sin tener mi voluntad; las paredes blancas que me rodean tiene en ellas manchas de muerte y sangre, sólo quiero morir. Prefiero morir antes que seguir con este dolor, el corazón late cada vez menos, envejece con rapidez, el bombeo resuena en mi cabeza como el estallar de una bomba, ¿me destruye igual?

Y por fin, reemplazarán mi corazón, alguien me donó su vida para que pudiera continuar con la mía. Alguien que supo de mi dolor, alguien que me miro con compasión y quizá me tuvo lástima, pero viviré por él. ¡Que Dios le bendiga!

De pronto sólo siento como me preparan para un largo sueño, una camilla me conduce al quirófano, entre las luces y sombras del hospital la camilla se desliza por los pasillos, oigo voces y contemplo rostros que jamás volveré a ver, pero que están por alguna razón allí. Y ahí están, ¡las puertas del quirófano! Sé que entraré y me sumergiré en un profundo sueño, y cuando despierte, ya no habrá más dolor. Cuando las luces a las que soy expuesta me lastiman los ojos es terrible, rostros desconocidos con tapabocas me hablan, no sé que quieren que hagan, sólo ellos lo saben porque yo solamente deseo que el dolor desaparezca. Algo ponen sobre mi nariz y de pronto la luz de una gran lámpara desaparece por completo, cierro los ojos.

¡Cielos! aún duele. ¿Qué pasó? El dolor no debería de continuar, mi viejo y dañado corazón ya no está dentro de mí... ¿o sí? Tengo oxígeno en los pulmones sólo gracias a un respirador, todo mi alimento es a través de suero y de intravenosas, apenas siento las extremidades, son tan frágiles que siento que se destrozan con el roce del viento. Vuelvo a dormir.

Despierto innumerables veces y no comprendo para nada, ¿qué ha ocurrido? No sé cuanto tiempo ha pasado, tampoco sé si todo esto es real. Veo entrar a las enfermeras y doctores que me miran preocupados, con lastima más bien. Y las flores de mi buro ya se secaron, nadie las quita y pone flores que me alegren, saben lo mucho que adoro las rosas rojas, pero dejan las marchitas ¿nadie viene ahora a visitarme? Mis ojos se pierden en la inmensidad del cuarto, cada espacio llena mis ojos; mis labios están más secos que nunca, no se han abierto en días, no tengo ánimo de soltar una sola palabra, estoy en total silencio.

Muchos vienen a intentar reconfortarme y decirme que todo está bien, que todo es mi mente, ¡¿pero que no comprenden?! ¡Me duele! Todos lloran a mi alrededor intentando convencerme de luchar por mi vida, pero el dolor es más fuerte que yo misma. Sólo puedo observar como los labios de todos se mueven pero en mis oídos todo se pierde, nada escucho; hasta que escucho por fin su nombre. Todo es más claro ahora, por fin lo comprendo, el trasplante fue un fracaso. Ese corazón no era para mí, mi cuerpo lo ha rechazado y mi viejo corazón no ha querido salir... ¡sí! eso debió pasar. Pronto otro corazón llegará y me salvará de mi dolor.

¡Diablos! ya no puedo más. El dolor es intenso, no puedo huir de él. En la cama me retuerzo como un mugroso gusano con sal, no es sólo el corazón, es el estómago, la cabeza, los oídos, las extremidades, ¡todo! Nada me controla, nadie. Todos están alarmados, los doctores hablan tonterías y locuras... Me duermen de nuevo.

¡Cómo pesan los párpados! Pero debo despertar, debo buscar mi corazón sustituto, porque éste aún duele. Las piernas ya se encuentran mas fuertes pero los abrazos están amarrados al cuerpo con una especie de camisa extraña. Las uñas largas que solía lucir ahora son muy cortas. Camino por mi nuevo dormitorio, de paredes y suelo acolchonado, todo blanco de nuevo... La luz es blanca, tan clara que todo relumbra y destruye los ojos. Alguien por fuera me llama, entra y debo de salir con él. Es bastante extraño, lleva bata blanca y zapatos del mismo color, se ve muy pulcro pero ¡carajo!, él si puede mover sus brazos. El raro sujeto me lleva a una habitación con un sillón donde alguien ya está sentado. Es una mujer, yo la conozco, su rostro se parece mucho al mío, mas es de mayor edad, ¿mi madre? Creo que sí. Ella llora y habla, pero yo no comprendo nada. Sus lágrimas se deslizan siempre por el mismo camino, sus ojos se han enrojecido, de pronto entre sus palabras surge tu nombre, amor: Me entrega una foto tuya, luces tan apuesto y joven que me es incomprensible pensar que yo no estoy contigo por mi enfermedad. Me retiran pronto de allí, sólo veo como la mujer sentada junto a mi cae en sollozos al suelo, ¡pobre loca!

¡El corazón ya no duele! La enfermedad que me mataba se ha ido por completo. De pronto, siento una gran tristeza cuando veo a alguna mujer charlando con la nada y acariciando el aire, jeje la idiota besa a un espejo. De verdad que esto está lleno de locos, ¿verdad, amor? Yo te tengo a ti, me curé sólo porque has regresado.

 

Diario de Anne Whitman.

 

17 de Abril.

He ido a visitar a mi hija, parece que su mente está más perdida que nunca. La fotografía que le he llevado de Christopher le ha agradado, aunque el doctor no este del todo de acuerdo.  Sé que para ella fue difícil aceptar la muerte de su esposo, y me duele tanto verla en tal condición. Ha caído en la locura total, pero prefiero verla besando un trozo de papel que retorciéndose en una cama de hospital rogando por un nuevo corazón porque "el suyo ya no funciona más". Una sonrisa en su cara es mejor que la tristeza, aunque sea algo falsa y macabra.

 

Bitácora del Doctor Albert Smith.

 

Jueves, 15 de Abril.

La paciente sigue insistiendo sobre un trasplante de corazón, dice que el suyo esta muy mal y le provoca tremendos dolores. Según su lógica, el hombre que la dejó le ha robado parte de él.

 

Sábado, 17 de Abril.

La madre de la paciente ha venido a visitarla. Pobre mujer, ha caído en llanto tremendo. Ha intentado que su hija razone, mas no ha dado resultado. La única palabra a la que la paciente parece responder es "Christopher". Su madre le ha traído una fotografía de él, dudo que eso ayude en su recuperación.

 

Lunes, 26 de Abril.

La paciente desvaría más que nunca. Habla con el aire, acaricia la nada y una que otra vez besa el espejo. La fotografía de ese hombre esta muy maltratada pero ella aún lo mira con ternura. En su mente ella se ve con él.

 

Morgan de Vampouille

 

Que cuando te amaba...

Esta entrada tiene una gran dedicación, con esto recuerdo cómo solía escribir hace tiempo... 

 

El mundo no puede dar alegrías tan grandes como son las que quita.

Lord Byron

 

A la gloria de un amor perdido:

 

Que cuando te amaba... escribía. Pero quisiera tener la grandilocuencia de muchos para poder expresar cómo es que me sentía por aquel entonces. En mi mente revoloteaban las palabras más bellas de amor, todo para ti siempre. Recuerdo el dolor de mi pecho cuando mi alma trataba de alcanzarte y mi cuerpo resultaba un estorbo. Recuerdo que parecía que la pluma escribía sóla las palabras en perfecta sincronía con mis pensamientos. ¡Era tan sencillo ser yo junto a ti!

 

 Pero amor, ¿por qué tu insistencia en mis alas blancas y las tuyas negras? ¿Qué tu eras impío y yo pura? ¿Qué me interesaban a mi tus prendas negras si con esos ojos tu alma estaba flotando en el aire? ¿Por qué me habría de haber fijado en tus defectos cuando de tus labios se escapaban los sonetos más hermosos? ¿Quién hubiera preferido una sinfonía teniendo tu voz rompiendo el silencio a sus oídos? ¡Y el calor de tus brazos! El sencillo roce de tus labios con... mis mejillas.

 

Sabes que por tí hubiera muerto, que si tu deseo hubiera sido mi corazón en una caja de plata te lo hubiera dado... Lo que jamás supiste fueron mis pensamientos, auquellos que quise el viento te llevara, pero jamás plasmados. Jamás... y te perdí...

 

Tuya fui, amor. Despertaste en mi una rosa en pleno Enero. Tenia en mis manos tantas heridas de flores que siempre me fueron negadas, pero cuando entre las tuyas las tomaste el dolor desapareció; esos labios castos por ti no fueron corrompidos; y mis alas... ¿necrosadas? Me invitasté a volar, el mundo de los cielos a tu lado descubrí y siempre del mismo paisaje me enamore: del cielo nocturno en apogeo, de la luna llena brillando arrogante, del viento callado y los árboles inmóviles. Momentos perfectos para un "te amo" pero también para un "Adios".

 

Que cuando te amaba, "La luna es testigo de mi desnudez, Mi disfraz ha quedado en el pasado, Mi rostro por fin ha sido mostrado Y mi máscara reclama mi idiotez" alguna vez escribí. Reclamaba mi alma su vulnerabilidad ante ti, pero jamás respondí. Ahí donde tu me encontrabas entre sombras y pantanos, entre olvidos y fracasos; siempre me rescatabas. Y el amor que se asomaba en tus ojos quizá opacaba el mio... ¿Era yo indigna de ti?

 

Y Ahi estaba yo, intentando expulsar de mi alma y mi corazón solo para ti. Estaba yo enamorada del vampiro sanguinario con sus sentimientos a flor de piel. Enamorada de sus palabras, de sus ojos, de sus alas, de su todo. Descubrí el yo que en mi guardaba, la libertad que en mi se encarcelaba, el amor que en mi jamás había florecido... Y sí, enamorada del amor.

 

Que cuando te amaba... y te fuiste. Las alas con que volabamos juntos te llevaron por otros cielos. Perdí la mirada en el cielo entristecido, en mi cielo. Tenía en mis manos mi corazón y una daga. Aquello que me decía cuanto te amaba y te seguiría amando; y su asesino, la daga que apuñalaría al corazón que a te deseaba. Y la luna: cuarto menguante. Todo descendiendo.  El viento agitado, los árboles danzando y cuervos rondando... ¿qué más podía hacer yo que sucumbir ante lo único que me recordaba a ti? Y la daga desapareció cuando el corazón dejó de latir...

 

Y asi quede, muerta por dentro, con el vacío despilfarrándose en mí. Ahora vivo en la noche, es donde de verdad me encuentro. Donde el corazón vuelve a dar un latido cuando recuerdo tu voz susurrando: "Por siempre".

 

Y aún las alas negras vuelan por los cielos, pocas alas puras invaden las alturas. ¡Veme, amor! Intento levantar un nuevo vuelo, en mi soledad... -Necrosaré tus alas.- dijiste una vez... No pido que regreses, con tu recuerdo ha de bastar para sobrevivir, para saber qué es amor...

 

Que cuando te amaba, la vida viví.

 

Dyane

Declaración de Amor

¡Oh! sólo tú aquí a mi lado... Amor, esto que palpita en el corazón con la ferocidad de un león, esto que me llena el alma con calor y compenetración... Tantos días me pregunte si de verdad llegaría a mi algo que contemplar con amor y admiración. Leí tanto acerca de tí que tu imágen resultaba inalcanzable, el como describían ese pasar los ojos por aquello que les suponía lo más hermoso, el rozar los labios con la persona más adorada; siempre me pregunte si era yo quien de verdad deseaba sentir aquello o era el deslumbre de lo que ellos sentían.

Pero amor, hoy estas aquí... las noches gélidas de invierno se esfuman cuando en la oscuridad tu recuerdo me embriaga de gozo entre estrellas y lunas nuevas. Creme, amor, cuando fijas tus ojos en mi mirada y penetras con ellos el éxtasis que siento es el de las rosas creciendo; ¡si!, aquella vez primera en que posaste tus labios sobre los mios voló el corazón, divagó la mente, se despertó el alma, cual la droga más adictiva, el sabor de esos húmedos y cálidos labios me atrapó, deseaba cada vez más,

No existen palabras para expresar esto: cielo mio, eres mi todo. La razón de mi escribir, de mi respirar y de mi vivir. Mi inspiración, mi desolación, lágrimas, sonrisas, poemas, cartas; siempre de todo un poco, todo a causa de ti.

Aún cuando tus heladas panos toman mi rostro la sangre sube a mis mejillas, aún cuando acercas tu cuerpo frío el mio... el mio pide más hielo, más frío...  Juro que cuando me rodeas con tus brazos pálidos hierve la sangre...

Todo lo que tengo es para ti... Si tú me lo pidieras, arrancaría mi corazón y te lo entregaría, aunque bien sabes que para lo único que sirve mi pecho es para cuidar ésto que es tuyo....

Por un momento contigo desapareceria el todo de mi mundo, me perdería en el mar verde de tu mirada profunda, en lo más recóndito de ese océano, en aquello que nadie ha podido explorar...

Pero... tengo miedo. ¿Cómo es que has visto tan dentro de mi? ¿Por qué has osado tocar mi corazón? Y es que si te fueras... si tan solo te alejaras de mí, esta vida sería un mismo infierno, una muerte eterna... Si quisieras robar mi latiente órgano vital yo, simplemente, no impediría que fuera contigo, ¡llévatelo, amor! ¿De qué me sirve tenerlo conmigo si te pertenece?

Pero aquí estas, susurras con el viento palabras con rima y cariño... ¿Cómo no sucumbir ante tí, entonces?

¡Sufiente! Términa de una vez con lo que has comenzado... ¡sí! ya lo sé... yo también te amo. Pero ¿por qué te niegas a quedarte aquí por la noche?

De pronto te desvaneses con la niebla, te mezclas con el aire y dejas mis labios solos. Dejas mis párpados cerrados esperando que cuando los abra aún permanezcas aquí... Dejas que mi corazón aún albergue esperanza...

Noche fría: nubes solas, luna llena, cielo gris... Aquí esperare con el alma fuera del cuerpo...

Sé que estarás aquí mañana, como siempre. Traerás sangre en los labios, y yo te besaré, de nuevo me abrazarás y pedirás perdón pero no escucharás mis súplicas... Te amo ...y lo hare siempre. Si tan sólo quisieras, lo comprovarías, es un simple momento de dolor contra la eternidad contigo... Te amo, jamás dejaré de decirlo... ¿Por qué no me escuchas? ¡Quiero cazar contigo!

 

Te amo, te amo...

 

Morgan de Vampouille

Amor de Vampiros: Maldición Eterna

¡Oh, soledad!, cosa misteriosa y tan incierta, ¿como es que me llenas de sociego para después desgarrarme el corazón? Dime, ¿cuando dañas y cuando nos consuelas? Suena tan irónico preguntarte, ¿quien te acompaña en tus viajes? Aqui, esperado la respuesta de ti es cuando el viento penetra en los huesos y en la piel, cuando nuestras pasiones  y sueños se congelan con nuestros gritos enmudecidos.

 ¡Vaya que tenías razón al decirme que el invierno llegaría y  aún las plantas más fuertes morirían! ¡Ay, soledad, no tengo nada para recordar el pasado! Quiza...

¡No! "quiza" no existe, tampoco el ayer porque es tan fugaz como el susurro del viento al oído,  el presente se nos escapa de las manos tal como el agua entre los dedos,  y el futuro llegara y se irá con la misma velocidad con la que se fueron todos los momentos anteriores.

  Las viejas marcas que dejaron las heridad del ayer tan lejano. Era mejor el viejo dolor que este vacío que llena mi alma. Era mejor aquello que esta miseria de vida que me ofreces ahora, era mejor el sentir las miradas sin aprecio y llenas de aversión que la indiferencia que se nota hoy en cada persona con la que me cruzo. Vaya soledad, no solo te llenas de veracidad la boca sino que tambien te llenas de ego cuando vez que sufrimos por lo que nos dijiste ayer.

 Y es que la eternidad contigo es la vida como humano: Sin sentido y policromía. Cuando los vampiros vemos aquello que nos espera atraves del camino, porque de hecho no vemos el final del mismo; no podemos comprender cómo es que aguantaremos segundo tras segundo... momento tras  momento y amor tras amor consumiendose con el tiempo... un antes y un después.

 Veneno que esta en nuestra sangre fría e inmovil, esta maldición a cada segundo que nos provoca la sed en nuestros los labios haciendo que desemos la sangre de hasta aquellos que más amamos. Cuando el sol sale y toca nuestra piel quiza podemos desear sentir el calor sobre nosotros, la brisa salina del mar, el aire frio de la cima de una montaña, la exhalación de un humano que amamos... ¿deseamos en verdad volver a persivir todo aquello? Si. pero, ¿Qué pasa cuando recordamos el dolor que nos embriagaba? Aquello que nos emborrachaba de tristeza, cuando apuñalamos el corazón con lo menos filoso, solo por masoquismo.  !Vaya maldición la nuestra!

 Viejos palacios bañados de telarañas de seda, de cortinas de polvo, Como se marchitan las rosas en el jardín, tantas hierbas traicioneras que roban la escencia de las anteriores que, de hecho, tampoco merecen vivir. ¡Ay,amor! quisiera saber si alguna vez me senti como todo lo que escriben de ti, quisiera saber si lo que se encendia en mi era algo mas que simple pasion. ¡Vaya que escribir de ti resulta más que dificil! 

¡Oh, cielo!, dime, ¿como sugieres que guie mi existencia si los únicos objetivos que poseo en mi vida inmortal son tan mundanos? Resulta una faena encontrarle sentido alguno a la vida en soledad...¿cierto? 

Todo aquello que dejé por él, hoy se ve reducido a cenizas porque sé, su sonrisa jamás volverá adibujarse en su fino rostro. ¡Qué daría yo por darle la paz que merece! ¿Qué no haría yo por verlo de nuevo volar magestuoso?

¡Vida mia!, ¿como pretendes que trazé un camino que no le incluya? Si recordar la luz que se escapaba de sus ojos es el más bello de mis artes, si sentir en la piel la suya rozando es el más vívido de mis orgamos ficticios...

Algunos amantes se encuentran en la muerte, ¡Qué envidia es la que le tengo a Julieta!: a ella le basto el clavarse un puñal en el corazón para encontrarse en la eternidad con  él; más yo,  sé que he de esperar al Apocalipsis total para olvidarle...

Vi cómo mis deseos y sueños eran asesinados sin piedad al tiempo que él se alejaba de mi. ¿Es que acaso mis sueños eran de verdad impíos que no merecían existencia alguna? ¿Es que acaso seguimos siendo criaturas oscuras regresadas del mismo infierno aún sabiendo que el amor es lo que nos condujo aqui? ¿Quien que no seamos nosotros puede comprender cómo se enciende el alma la saber que la eternidad no significa nada cuando posees un alma que te acompañe? Pero, ¿quien podríanos decir qué se siente cuando la persona amada fue perdida? ¿Podría alguien multiplicar eso por segundos, minutos, horas, días...?

Puedo desgarrarme la gargante llamándole, provocar que mis ojos sangren esperando encontrarlo entre todos los que habitan este mundo, podría cruzar los mares nadando solo para ver si es que has naufragado... ¿donde estas amor?

¡Amor!, podría citar aquí cientos de miles de sonetos y poemas que han tratado de explicar lo qué eres. Podríamos bañarnos con la elocuencia de muchos románticos y la crueldad de realistas... pero ese aquí no es el caso porque...¿quién te conoce en verdad?

Leyendo todo aquello llegaría a la misma conclusión: ¿Eres acaso nuestro invento para justificar nuestra insignificante vida material? ¡A que clase de basura eres redicido!

¡Cariño de mis cariños!, tengo seiscientos sesenta y seis recuerdos tuyos, ¡vaya número maldito! , no me bastan para la eternidad. Pero si tan si quiera tuviera uno  más para ver tus ojos brillar y sentir tus gélidas manos llamar... Una oportunidad para decirte lo mucho que te amo...¿será que ya me has olvidado?

Morgan de Vampouille

 

Diría Edgar Allan Poe:

¿DESEAS QUE TE AMEN?

¿Deseas que te amen? No pierdas, pues,
el rumbo de tu corazón.
Sólo aquello que eres has de ser
y aquello que no eres, no.
Así, en el mundo, tu modo sutil,
tu gracia, tu bellísimo ser,
serán objeto de elogio sin fin
y el amor... un sencillo deber.

Yo le creo, ¿Y ustedes?

 

Give my faith back

Hoy solo puedo decir que me gustaría ser más fuerte, poder encarar...

Es como si enterraran sus uñas en nuestros corazones y los desgarraran con la fuerza con la que un huracan azota las costas...

Se mueven las mareas de los océanos de lágrimas, se agitan los vientos que raptan nuestros sueños... ¡Ah, vida! ¿por qué te empeñas en hacernos sufrir?

Cuando vemos cómo la vida debasta a aquellos que nos dan fuerza, el ánimo para continuar en el camino cuando creemos que nada vale la pena; ¿qué se supone que debemos hacer? ¿Es acaso en esos momentos cuando perdemos la fe? ¿Cuando nos preguntamos si poseemos el suficiente valor para viajar sin compañia alguna?

Por dentro nos podemos consumir entre gritos y conflictos pero en realidad cuando debemos encarar las tragedias que nos asechan, alzar la mirada y pretender, por una vez, que poseemos la fuerza y levantar a aquellos que lo hicieron antes con nosotros...

Adentros nos carcome el sentimiento de pena, de apatía a la vida cuando miramos a las almas que nos dieron consuelo tan indiferentes... tan muertas en vida... y es entonces cuando nos preguntamos a nosotros mismos si nosotros podremos hacer por ellos lo que ellos por nosotros.  ¿Podemos en verdad corresponderles de forma igual? ¿Podemos marcar una sonrisa como ellos diciendoles "todo va a estar bien"?

Se siente tal debilidad que hasta las lagrimas pesan, mas siempre hay que ser el apoyo... siempre hay que estar a lado de aquellos que amamos.  Quisiera poseer tan solo un poco de la fortaleza que ellos me han mostrado pero tantas veces me han salvado que fueron más cercanos a la divinidad ante mi que a la figura mundana de los humanos. ¿Como competir con sus hazañas? Parecían tan invensibles que me pregunto con qué facilidad me derrivara el mundo.

Sin embargo me encuentro a su lado, rodeandole con mis brazos, escuchando viejas baladas, tratando de calmar y alejar las penas que lo asechan...

¡¿Qué clase de mundo es este?! No me interesa ver como las personas mas extraordinarias sucumben en vida por las crueldades del mundo material y poco profundo. ¿Queda alguna clase fe?

¡Oh, Vida! quisiera decirte lo mucho que duele ver sus ojos tratando de regresar esas lagrimas, lo mucho que me anuda el estómago el escuchar como ahoga sus sollozos. ¡Resulta tan dificil formular palabra alguna con la garganta hecha pedazos para infundirle esperanza!

Ja. ¿Compasión? Bah!!! ¿Eso existe?

¡Oh, amor! ¡Quisiera saber en dondé vieron todo eso que han escrito los poetas y escritores y en especial dónde lo vi yo! ¿Por qué te rehusas a seguir nuestra causa?

Vamos, podemos hacerlo. Podemos tener fe despues de todo. Podemos regresar los favores a las personas que nos socorrieron en nuestros casi lechos de muerte. No podemos derrumbarnos... no podemos perder la fuerza. ¿No sería eso una forma de deshonrar lo que han hecho por nosotros? Le abrazo con fuerza tratando de ser yo la que consuele... pero en realidad su consuelo es el mio...

Si tan solo su rostro mostrara una sonrisa las ruinas se volverían palacios, las aguas se calmarían, la luna tendría luz propia...

Give my fait back...

Morgan de Vampouille 

Si Tan solo pudiera escuchar esa risa de nuevo. Como nos abandona la esperanza cuando vemos a nuestros hérores caidos...

Morgan D. D´Aboville

 

 

 

Alas

Siempre había observado las alturas

deseando volar y viajar libremete;

veía el mar colmado de hermosura

sabiendo que mis sueños eran dementes.

 

Noche de frío y luces infinitas,

surge una voz repleta de galanura

haciendo uso de delicosas citas,

de labios que no conocen censura.

 

La sombra promete necrosar heridas,

dando una rosa presume ternura

aunque su expresión se torna algo dura

ofrece junto a él una nueva vida.

 

Abre sus gloriosas alas exquisitas

insitádome a volar eternamente,

al tomar su mano mi miedo se quita:

junto a él llegaria hasta la muerte.

 

¡Volemos juntos en suma cercanía!,

y en las mas arduas tormentas

prometeme abrazarme con soberbía

mientras yo aqui te contemplo, quieta.

 

Los ojos que me miran fijamente

extrañamente a mi corazón excita,

a éste todo mi ser lo imita

quiero besar a la sombra dulcemente...

 

Hoy del aire se siente tanta frescura,

pero solo es presagio de una despédida:

"No ha de ser culpa de tu alma pura..."

dice para salvar su fugaz huida.

 

Cálidos días pero llenos de melancolía,

mis alas carecen de mi viejo frenesí,

Aun recuerdo la antigua y cansada sinfonía

que salía de sus labios de carmín.

 

Verle volar con vigor y soberbía

mientras yo solo poseo mi tristeza...

He de recuperar de nuevo la fuerza

que a escribir un día me inspiraría.

 

¿Quien diría que alguna vez yo escribiría

mientras mis sueños son solo facetas

que se tornan tan poco inciertas

que por ellas no moriría?

 

Morgan de Vampouille

 

Este poema lo comence hace algún tiempo, no lo pude terminar entonces. Quizás en aquellos días el pasado resultaba doloroso pero hoy es solo unaenseñanza más. No considero que sea una buena obra, pero él, lo merecía.

 

 

"Amor de mis amores

si fueran ciertos tus sentimietos

no tedría marchitas las flores,

y no dirás que miento"

 

Palabras Solas

Quizas lo que escribí hoy este vacío en sentimiento. Pero es lo que siento, nada. Para aquellas personas que jamas voltean a su lado, por que siempre se han de apartar y caminan por delante...

 

Amor.

Odio.

Soledad.

Complicidad.

Dolor.

 

No hay significado alguno. Estas manos que han escrito para todos y para su corazón, hoy, no encuentran como describir la vida y su sentido. Este corazón que ha sangrado tratando de sacar el veneno que le asesina, no late al escuchar estas palabras. Se siente tan vacía la mente que hasta el silencio tiene sonido y el agua se torna color verde, cual el campo.

Habría podido escribir sonetos y poemas antes de esta noche, habría podido nadar en mis propias descipciones pero las manos mudables se vuelven torpes al escribir, los ojos se encierran en conceptos que jamás fuero reales.

Filosofándo, diría:

¿Existe el amor?

Y, ¿Si es que existe, por qué?

Pero a fin de cuentas ¿Qué es el amor?

 

Tan plano e insípido es decir aquello. Tan mundano y desastroso es el mundo. La poca belleza que logre encontrar fue reducida a palabras que no significan nada, que se pronuncian con el afan de llenar los labios sin importar qué pueda significar.

 

Palabras...

¿que sería el amor sin complicidad?

ó, ¿el dolor sin la herida?

¿Que soy yo sin mi inspiración?

 

Solo un alma más caminando por las calles del planeta, una boca programada como las demás para simplemente vomitar palabras, unos ojos que solo ven y no observan belleza...

Tan Solas esas palabras como el alma que muerde al cuerpo  en busca de respuesta, tan faltas de contexto y significado cual mis manos buscando tu sombra. Tan dichas pero no comprendidas, como la palabra "hermosa" que me decías cada día.

 

Morgan de Vampuille

 

No, amor mío, amor de mi dulzura; no escribo ya más para ti. No veo más para donde tomaste mi alma. Pero sí, aun leo las palabras que escribías. Porque no eran solo lo que escupía tu boca, venían del corazón. De él, viene solo la lujuría y ve nada más que la belleza de la escultura; las palabras para él son solo una infortuna.

Morgan de Vampouille

Las Doncellas de la noche

De Morgan Dyane Aibhill D´Aboville Favier, vampiresa de Vampouille; especialmente para Akasha de Lioncourt y Kendra Aleera Aesland que son:

 

"Las Doncellas de la Noche"

 

Estamos tan solas, arrumbadas en rincones llenos de telarañas y polvo. A diferencia de las princesas de los Grimm, la belleza que poseemos las damas nocturnas no es deslumbrante, pero es impactante: nuestros ojos son profundos, y nuestro cabello  es más negro que el carbón, nuestros labios son de rojo oscuro por toda la sangre que hemos bebido... No vivimos en torres esperando que un príncipe en corcel blanco llegue a la ventana; las reinas de la oscuridad vivimos en la penumbra de las mazmorras disfrutando del silencio de las noche y la sinfonia que se arma con el eco de los gritos de prisioneros  que aun perduran en las paredes ahuecadas, solo esperando vampiros que nos ayuden a satisfacer nuestros deseos carnales y nos acompañen a robar la vida...

 

 Vestidos negros, maquillaje oscuro, y una piel totalmente palida... jamas veras belleza que se le comprare... somos totalmente inigualables...

 

Quizas no somos del todo admiradas, bebemos sangre de las guerras... Vlad nos enseño... La mas bella sinfonía se compone por acordes de gritos y solos de desgarradoras suplicas por la muerte...

 

Aun en nuestra soledad la oscuridad nos abraza y seduse; aun en el mas profundo silencio el aire nos susurra que el Apocalipsis aguarda por nosotras...

 

Salimos por la noche a buscar quien sea victima de nuestro deseo de sangre, buscamos de igual manera seres nocturnos con quien saciar nuestros instintos salvajes, energicos y ansiosos de satisfaccion...

 

Nos cazan como a animales feroces, temen que los dañemos, ¡Humanidad insolente! ¿como ozan desafiar a la muerte y a la inmortalidad? Ellos destruyen más que nosotros...

 

Aqui, en nuestros palacios repletos de fantasmas y espectros retorcidos las rosas con petalos negros florecen con sagre, los platillos se traducen a carne cruda, el polvo a cenizas y el aroma al olor de cuerpos descompuestos... ¿Quien se atreve a penetrar en nuestro Reino? ¿Quien tiene el valor para retar a estas Diosas de lo Desconocido? Vaya, nadie... es una sorpresa que el viento solo toque nuestras pesadas puertas de roble...  ¡Cobardes maldecidos!

 

De las ramas de los arboles caen telerañas de viudas negras como nosotras, ¿Que criatura le robo la fama a la otra?

 

No cierren los ojos al ver que nos acercamos volando en el cielo nublado, no prendan antorchas y ataquen nuestras guaridas por que saben que en la oscuridad jamas ganaran los diurnos... No usen ajo  ni luz para alejarnos, a las Nosferatus* verdaderas nada de eso nos lastima, nada nos lastima...

 

Adios a la vida dijimos hace siglos...

 

 Pueden llamarnos Diosas de la Oscuridad, Reinas del Terror, Emperatrices de la soledad y el silencio; o simplemente Vampiresas, Doncellas de la noche...

 

Morgan de Vampouille

Nosferatu (del griego nosophoro (νοσοφορος), vampiro

 

 

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